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Compra de esperanza

By Entre Comillas
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por Rodrigo de la Peña

En el ámbito del derecho existe una figura denominada “compra de esperanza”. Esta figura revierte la responsabilidad de los contratos en los que un bien futuro pueda verse destruido. Es decir, en lugar de responsabilizar por los daños del bien al deudor, es el acreedor quién corre con los riesgos y la responsabilidad. Este fue el caso del seguro que el presidente, Andrés Manuel López Obrador, adquirió en la presidencia de Donald Trump. Nuestro jefe de Estado viajó hace algunos meses a Estados Unidos; en lo que ha sido su único viaje fuera del país, el mandatario contrató un seguro con su homólogo Donald J. Trump. En su viaje, Andrés Manuel intentó impulsar la reelección del presidente estadounidense, y de paso, conseguir un par de apoyos para su gobierno. Pero, no calculó que sería él, no Trump, el que corría con el riesgo en caso de que fuese electo el demócrata Joseph R. Biden. 

    Pasó la elección, y en los números Trump no ganó. El presidente de los  Estados Unidos de América interpuso acciones judiciales en estados claves y se autoproclamó a través de Twitter ganador en una elección justa. Por otro lado, medios locales e internacionales, mandatarios y actores políticos reconocieron el triunfo de su adversario. Sin embargo, nuestro presidente se mantuvo en silencio. México, el vecino, el socio comercial número uno, no felicitó a Biden por el triunfo.  Ante esto hay que cuestionar: ¿qué opina el presidente?, ¿por qué no lo reconoce? 

La respuesta inicia desde la responsabilidad. El jefe del ejecutivo mexicano no ha sido un personaje que acepta sus equivocaciones de forma frecuente, siendo que el único error que ha aceptado fue el error que cometió en su quiniela de la serie mundial. Ahora bien, que no quiera aceptar su error solo es un grano de arena en cuanto al porqué no ha reconocido la elección. El presidente no solo está esperando a que se resuelvan las controversias, sino que está manteniendo su distancia porque sabe que no se encuentra, de momento, en la esquina correcta del cuadrilátero. El presidente apostó y falló; pero la cosa no se quedó ahí, ahora le toca a él afrontar la responsabilidad.  Se entrevistó con Trump y le dio la espalda a Biden, ahora espera a que una resolución judicial salve su apuesta, caso que se ve lejano en el espectro de posibilidades. Pero fuera de su error y del claro golpe político que fue apoyar al perdedor, ¿qué teme el gobierno?

El gobierno teme la entrada de Estados Unidos como líder al sistema internacional. Trump, al igual que López, predicaban con una campaña que se concentraba más en el interior que en el exterior, actitud que permitía un mayor margen de maniobra al presidente. Con la reinserción de Estados Unidos al marco internacional de forma activa, dejando atrás las posturas de pasividad, el presidente se verá forzado a participar en situaciones internacionales que hasta el momento no habían sido necesarias. Por un lado, veremos una presión en la aplicación de las normas del T-MEC. Los demócratas ya habían alertado al presidente Trump de las acciones que el gobierno de México estaba incumpliendo. La llegada de Biden pondrá más presión y reducirá el margen de acción de un presidente que ya estaba limitado. Finalmente, vemos que la cautela que repentinamente demuestra AMLO no proviene de un momento de iluminación, la cautela viene al encontrarse en un callejón sin salida. El presidente compró un seguro que no resultó; ahora solo le queda la esperanza de ver un cambio de resultado. De no ser así, sus políticas de “dedo alzado» aplicadas a las energías renovables y la cancelación de la cervecera, se verán limitadas por la política internacional.  El presidente se mantiene con cautela porque teme el regaño, teme el golpe y teme el castigo. 

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