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Del dicho al hecho hay un estrecho

By Entre Comillas
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El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ha sostenido desde sus primeras campañas (en el discurso), su doctrina por el bien de todos, como prioridad, aquel de los pobres. Ahora bien, sería importante revisar y comparar si aquel dicho que sostiene el Presidente es, en efecto, la política de su gobierno. Para comparar los resultados, los beneficios y la asistencia que le ha dado a las familias de mexicanos que están por debajo de la línea de pobreza podemos tomar medidores básicos.

Tomemos salud y evaluemos si ha puesto primero a los pobres. Primero, llegamos a más de seiscientos días sin tratamientos para el cáncer, tratamientos que en sexenios pasados existían, pero como eran sistemas corruptos se tenían que eliminar y volver a plantear. Hoy, no hay tratamientos. Después está la desaparición del Seguro Popular y la sustitución del mismo por el INSABI. A la fecha, el INSABI dice ser incapaz de atender el número de personas que atendía el Seguro Popular.  Por si fuera poco, el manejo de la pandemia ha ido tan mal, que Forbes nos ha calificado en el último lugar de su lista de países para estar durante la pandemia.

Ahora bien, revisemos los datos que ha publicado el INEGI en materia de economía. El Banco de México estima que el PIB caerá entre 8.8 y 9.8% en comparación al año pasado (año en el que no crecimos). Esta contracción es la peor que ha azotado al país desde la Gran Depresión. Y por si fuera poco, los salarios formales que no alcanzan ni para completar la canasta básica de alimentos pasaron de ser el 35.7% a inicios del año a ser el 44.5% de los salarios del sector formal.

Como podemos observar, los pobres, la clase que el Presidente afirma defender, no son ni los primeros, ni los segundos en la lista de prioridad presidencial. Al contrario, son los últimos. No solo no los ha cuidado, los ha descuidado y un claro ejemplo es el sistema de salud, su manejo de pandemia, la inundación de Tabasco, la falta de apoyos ante la pandemia, entre otros. Pero ahora, cabe cuestionarnos quiénes son los primeros en la lista del Presidente. Si no son los pobres, y tampoco son los empresarios conservadores corruptos, ¿quiénes van primero? Los militares.  El Jefe del Ejecutivo ha ejercido desde el principio de su mandato a las fuerzas armadas como sus cómplices en el gobierno. Ellas han sido la única institución que no han dejado de recibir recursos, incluso los han aumentado. El gobierno reconoció que había que premiar a la institución mejor calificada en materia de corrupción, las fuerzas armadas. Esto es un punto válido, pero se descuidó en cómo corregir la desviación de fondos de las otras instituciones y ramas. Todos estamos en contra de la injusticia, pero eso no es argumento suficiente para destruir todo lo que ya se había construido, menos aún, si se hace prometiendo nuevas y mejores instituciones sin tener siquiera un plano en la mano. Por eso, en este gobierno se cumple la frase: “del dicho al hecho hay un estrecho.” El Presidente vende ilusiones y entrega decepciones; carece de coherencia su actuar y su hablar.

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