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El mundo postvacunas ¿y durante?

By Entre Comillas
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por Xavier Fregoso Noble

Mucha de la política exterior de una gran mayoría de Estados en el mundo se encuentra volcada hacia acciones para conseguir vacunas y, de esa forma, poder hacer frente a la pandemia por COVID-19 que ha llegado a prácticamente todos los rincones del planeta. La premisa es simple: una población inmunizada contra el virus puede salir sin riesgo a realizar actividades cotidianas para generar ingresos o bien provocar derrama económica que mucha falta hace para enfrentar la recesión que afecta a todo el globo. Es, precisamente, en este momento cuando la política exterior se vuelca para tener efectos en el interior. Sin embargo, aunque la fórmula parece sencilla, hay algunos baches en el camino.

    Sin duda resultaría importante plantearse qué es lo que sucederá ya que toda la población del mundo esté vacunada o, en un escenario más verosímil, ya que al menos el 70% de las poblaciones nacionales se encuentren inoculadas para alcanzar la denominada ‘inmunidad de rebaño’. No obstante, para este texto resulta más relevante revisar qué pasará mientras la inmunidad de rebaño se alcanza y la mayoría de la población mundial no alcanza aún una inoculación y qué hacer para lograrlo.

Es necesario mencionar que la vacunación representa un reto mayúsculo en todos los Estados del mundo, no solo por la aplicación de la misma sino que se presentan otros obstáculos productos de la desigualdad y de la falta de acceso a la información al respecto. Una parte de la población (aunque pequeña) rechaza vacunarse por razones religiosas o porque duda de su efectividad, otra parte, cuyas razones están mayormente ligadas a la desigualdad, no pueden acceder a las vacunas ya sea porque habitan en zonas rurales donde es complicado llegar a los centros de vacunación o simplemente porque su gobierno no ha alcanzado parte del (aún reducido) suministro mundial de vacunas.

Es claro que los confinamientos periódicos serán parte de la cotidianidad, al igual que el escenario global al que ya estamos acostumbrados. Es por eso que contamos con la tarea de seguir innovando en formas de replantear el trabajo de oficina o el trabajo manual, maneras de retomar la educación sin arriesgar a los estudiantes, sus padres o profesores, y otro tipo de convivencia con nuestros seres queridos que no implique arriesgar la salud y la vida. Es precisamente en tiempos de crisis donde las innovaciones sociales, económicas y, sobre todo, tecnológicas surgen para poder resolver esos problemas que nos pusieron en determinadas situaciones en primer lugar. 

Encima de todo eso, llega el inmenso desafío del que deberemos innovar y el cual ha puesto en jaque a muchos de los Estados del mundo que creíamos más avanzados o con mayor capacidad para hacer frente a crisis mayúsculas: la vacunación a velocidad relámpago. Queda, entonces, una responsabilidad mayor. Si contamos con la habilidad de innovar y un reto profundamente ligado a la desigualdad en aplicación de vacunas, deberemos combinar los planteamientos para poner sobre la mesa posibles soluciones. 

Como jóvenes con acceso a educación deberemos presentar en nuestras aulas propuestas viables y efectivas que, a través de nuestras instituciones educativas, sean entregadas a los gobiernos locales y federales para hacer más efectivas la adquisición de vacunas y la rapidez y efectividad para su aplicación. Es nuestra responsabilidad; como lo hemos hecho con la crisis climática, la violencia por razones de género o la inseguridad; denunciar las desigualdades de acaparamiento de vacunas por los países más ricos y exigir puntualmente y estridentemente estrategias de vacunación que logren los objetivos a corto plazo y nos acerquen a una nueva y segura normalidad.

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