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La narrativa presidencial

By Entre Comillas
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por Xavier Fregoso Noble

Han sido variados los dichos de políticos afines a Morena respecto a las elecciones del pasado 6 de junio. Destacan algunos como el de la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, atribuyendo los resultados electorales a una supuesta “campaña de desprestigio” contra su gobierno y el de las alcaldías de Morena. Sin embargo, lo mencionado por el presidente López Obrador trasciende cualquier opinión vertida por gobernadores, alcaldes, diputados y presidentes municipales respecto a la elección.

    El presidente declaró en una de las conferencias matutinas que los narcotraficantes se habían “portado bien” respecto a las elecciones; no obstante es claro que ignora los incontables secuestros, asesinatos, ataques y actos de acoso a candidatos previo al día de la elección. Prefiere, entonces, atribuir la pérdida de curules en la Cámara de Diputados de su partido a la clase media a la que acusa de “aspiracionista”. Dedica, sin más, unos cuantos minutos al día a atacar a periodistas, académicos y activistas que le resultan incómodos en lugar de señalar su responsabilidad respecto a la situación de inseguridad que atraviesa el país. 

    Lo anterior es solo un indicador de este cúmulo de hechos que ha provocado el presidente. Sin embargo, se suman otros cuantos más. ¿Qué hay del avión presidencial que iba a vender pero que se encuentra estacionado en un hangar y con nuestros impuestos se paga para mantenerlo? ¿Qué hay de la rifa con la que simuló hacer algo al respecto pero que resultó ser puro teatro? ¿Y qué hay de esas vueltas que se le dio el avión a Estados Unidos por una supuesta posible compra que terminó siendo humo?

    Destaca también la consulta sobre enjuiciar expresidentes: con un fiscal a modo, bien puede someter a consulta (como lo está haciendo) una serie de  investigaciones para legitimar una decisión ya tomada. Si los resultados no salen a su favor entonces es responsabilidad del electorado. Si éstos le favorecen, entonces legitima su decisión. Lo mismo sucedió con el Aeropuerto de Texcoco, una consulta profundamente sesgada con el objetivo de legitimar algo ya decidido.

    Por otra parte, se visualiza un gran soslayo desde el Congreso de la Unión de diputados y senadores afines al presidente. Una vez que el presidente establece una declaración, por más descabellada que parezca, los legisladores hacen eco de la misma. Esto causa que se llegue hasta a proponer iniciativas en ese sentido como sucedió con la Reforma Educativa, la Ley de Amnistía o los recortes al Presupuesto de Egresos de la Federación.  Este fue el caso en 2019, amenazando el correcto funcionamiento de programas, instituciones y servicios del Estado. Si añadimos la legitimación hecha por académicos y comunicadores afines a López Obrador, nos encontraremos con una línea de sucesos perfectamente orquestada para poner en marcha las ideas del presidente. 

    Además, está comprobado que los informes de gobierno, además de haber sido reconocidos como propaganda electoral por el INE, contienen hechos engañosos o mentiras llanas. En una plataforma como la que tiene el presidente, declarar falsedades no sólo implica una falta a la verdad (de por sí ya grave), sino un genuino atentado contra una cultura democrática joven que apenas está comprendiendo que no se limita al voto, sino a la discusión cotidiana y a los hechos políticos aún en periodos no electorales. 

    Si pasamos revista, encontraremos una serie de declaraciones soberbias y triunfalistas que autonombran al régimen como transformador, aún meses antes de acceder al poder. Este tinte que se le otorga a las acciones políticas le retira toda la posible autocrítica que podría llevarnos, en un escenario hipotético, a aplicar cada vez mejores políticas en un país plagado de violencia, infestado de corrupción y nepotismo que mucho uso le daría a un poco de autoanálisis. 

    Finalmente, son preocupantes todos estos sucesos que contribuyen a sustentar una narrativa sobre los hechos reales. Una retórica que propone que cualquiera que critique al régimen está en contra de México, de los pobres, de las personas en situación de vulnerabilidad y de grupos marginados. Inquieta que el gobierno utilice los múltiples desaciertos de sexenios anteriores para intentar sostener el rechazo a la participación de organizaciones de la sociedad civil en el diseño de propuestas de políticas públicas y desestimar las recomendaciones de organismos internacionales sobre las situaciones que atraviesa el país. Todos estos acontecimientos, principalmente emitidos desde la conferencia matutina, contribuyen a la dañina narrativa presidencial.

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