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La política del derecho

By Entre Comillas
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por Rodrigo de la Peña

“Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti”- Nietzsche.

Hace algunos días, en la búsqueda de una cita con la cual  iniciar un comentario de fallo, me topé con la frase anteriormente expuesta. Esta no me resultó útil para comentar el fallo, pero no pude ignorar la semejanza entre la frase y el contexto político nacional. En las últimas semanas, el ambiente político del país ha vivido momentos de tensión completa. Por un lado, encontramos un miedo profundo por el ataque a la división de poderes. Por otro, vemos una oposición que, confiada en la mala actuación del régimen actual, no ha tomado la iniciativa de proponer un cambio. Sin embargo, lo más preocupante no han sido los actos de campaña y las actuaciones de los que ahí contienden. Más bien, la mayor fuerza de tensión política se emite en el Palacio Nacional. 

El jefe del ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador, ha tenido un papel estelar con respecto a la contienda electoral y los contratiempos que de estas han surgido. Es importante recalcar que el presidente obtuvo permiso de continuar con la transmisión de su programa “La Mañanera” mientras se abstuviera de comentar algunos temas que pudieran influenciar, referenciar o dar popularidad a algún partido o miembro que fuese partícipe de la próxima contienda electoral. Este tema ha causado un par de controversias, sobre todo en las propuestas de cómo evitar que los reporteros dirijan preguntas con respecto a dichos temas. El problema más relevante ha sido el discurso utilizado por el mandatario del Estado mexicano en contra de todos  los que no tengan fe ciega hacia él y su proyecto: la Cuarta Transformación. Un ejemplo claro han sido los ataques en contra de los funcionarios del Instituto Nacional Electoral o los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, a quienes el presidente tacho de opositores por aplicar la letra de la ley. Ahora bien, esta cuestión nos lleva a pensar en por qué el mandatario mexicano no demuestra interés en respetar el Estado de Derecho.

Obrador y sus militantes se han entendido en una posición similar a la de una  “revolución pacífica” que lleva implícitamente un cambio del status quo. Esta situación obligaría a suponer que el derecho y las instituciones afines, provenientes de un sistema anterior, ejercen un dominio estructural que beneficia a los opositores del actual gobierno. Por lo tanto, este grupo de transformistas entiende que el sistema jurídico debe ser delegado a un segundo plano con el fin de poner por encima la política y la representación del pueblo como voluntad general que marque y ponga en la mesa un nuevo conjunto de reglas. Asi, entonces entendemos que la concentración del poder se vuelve un primer paso del plan de la cuarta transformación con el fin de evitar que alguien más se oponga a sus planes. Un claro ejemplo de esta situación es la  exclusión del diputado Porfirio Muñoz Ledo. Sin embargo, aun cuando se lograra concentrar todo el dominio político de las personas, quedaría  un último contrapeso que se ejerce de manera cuasi automática por el diseño del sistema: las leyes e instituciones que impiden el irrestricto ejercicio de la autoridad. Es decir, hasta que no se domen a las instituciones, el control político no será absoluto. Pensando en estos términos, sería necesario entonces cambiar el sistema para que este se vuelva un operador más. Ahora bien, una reforma a estas instituciones requiere de una justificación importante que soporte una acción de tal magnitud. En el caso actual, podemos encontrar dicho pilar en su discurso de transformación. El lenguaje utilizado como son las frases  “los de antes y los de ahora”, “cuando había corrupción”, “el régimen de la mafia del poder”, son selecciones precisas que buscan referenciar un cambio de paradigma. Esta ruptura de sistema en su retórica se vuelve un argumento invencible para poner al Estado de Derecho como una prioridad secundaria por debajo de la voluntad general expresada y encarnada en él en virtud de una votación. Es decir, las reglas del juego dejan de importar porque el pueblo sabio ha puesto al reformador como líder, y por lo tanto, le han dado el poder de arreglar todo lo que estaba roto incluyendo las reglas e instituciones. 

Dicho esto, es innegable  que su triunfo en los comicios de 2018 fuese abrumador y confirmador.  No obstante, es importante señalar, como lo hizo Hannah Arendt,  que aquel revolucionario que tanto luchó, el día de después de la revolución se convirtió en el mayor conservador. Hoy, lo mismo nos pasó, hemos visto como David después de vencer a Goliat, se convierta en el león.

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