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Libertad a la francesa

By Entre Comillas
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por Rodrigo de la Peña

La semana pasada el Jefe del Estado francés, Emmanuel Macron, se dirigió mediante un discurso televisado, al pueblo galo. En su mensaje, el presidente llamó a los ciudadanos a seguir vacunándose y a unir esfuerzos en contra del repunte de Covid-19. En el marco de este comunicado también se anunció la implementación de un pase sanitario que  permite a los inmunizados contra la Covid-19 atender eventos de más de cincuenta personas. También, se mencionó que los trabajadores del sistema de salud tendrían que recibir el  inmunógeno para seguir trabajando. Lo expresado por el mandatario elevó la tensión, ya que muchos de los trabajadores de este sector se niegan a recibir la vacuna. Durante estas semanas se han gestado movimientos en contra de las vacunas y de los obstáculos que enfrentarán a partir de septiembre, de no ser inoculados. Por su parte, la Asamblea Nacional y el Senado ya han aprobado un nuevo proyecto de ley sobre la gestión sanitaria. Dicho proyecto no fue bien recibido por aquellos que aún no cuentan con la inyección pues se verían obligadas a presentar pruebas negativas para ingresar a cualquier lugar de concurrencia. Ante estas tensiones, Macron decidió salir a dar otro anuncio menos político y más humano. El anuncio del jefe del Elíseo fue el siguiente: 

«Si mañana usted contamina a su padre, a su madre o a mí, yo soy víctima de su libertad cuando tiene la posibilidad de tener algo que puede protegerle y protegerme. Y en nombre de su libertad, usted puede tener una forma grave (de Covid-19) y usted llegará a este hospital. Todas estas personas le tendrán que atender y quizá renunciar a atender a otro. Eso no es la libertad, eso se llama irresponsabilidad, egoísmo.»  

Ahora bien, lo que podría parecer un simple derroche de frustración, es en realidad un punto que cada vez se vuelve más difícil de evitar. La pregunta dónde termina mi libertad y comienza mi responsabilidad parece no tener una respuesta sencilla. Hasta ahora las declaraciones han sido cuando menos oportunas pues han echado luz sobre uno de los problemas más graves; resolver quién debe cargar con la responsabilidad de quienes no se deseen vacunar, ellos mismos o los que han optado por pincharse. Por su parte, parecería ser que la respuesta más lógica, para el Jefe de Estado cuando menos,  ha sido que la libertad individual y colectiva de aquellos que sí han acudido al llamado de vacunación debe prevalecer sobre la de aquellos que han evitado la inyección. Esta decisión ha abierto la puerta a un debate que abarca desde las sobremesas hasta los foros académicos de más alto nivel. 

Por su parte, parecería ser que los análisis económicos, productivos e incluso de valor utilitario respaldarían estos comentarios. Por un lado, la probabilidad de reducir los contagios y  la severidad de aquellos que fuesen infectados, sería menor si fuesen los individuos que se oponen al tratamiento los que llevasen la responsabilidad de cumplir con lineamientos. Además, de ser ellos quienes más riesgo presentan en comparación con los vacunados. No obstante, el limitar el pase sanitario a aquellos que se han administrado las dosis  exclusivamente en Francia rompe con el fondo del discurso. El liberalismo de derecha con el que se manejó la situación, es decir, la idea de limitar la libertad de una persona cuando atenta con la libertad de otra parece ser una respuesta funcional cuando se trata de temas de salud. En este caso,  limitar la libertad de aquellos que han optado por no recibir el agente inmunológico cuando representa un riesgo a las libertades de aquellos inmunizados. 

Sin embargo, cuando el gobierno decide no reconocer o convalidar los documentos expedidos por otros Estados, la idea deja de funcionar, y asoma una intención más oscura que la pensada. El ejecutivo galo, en conjunto con el poder legislativo, demostró un bandazo a la derecha al estilo más totalitario, ya que no restringió la libertad de forma total,  pero si imposibilito a la mayoría de los residentes extranjeros y aquellos que libremente no quieran vacunarse a formar parte de la vida social, ya que a partir de la entrada en vigor, las pruebas de antígenos costarán alrededor  de  euros. Por lo tanto, una persona que desee participar en la vida activa, y carezca de pase sanitario gastaría 315.00 €  aproximadamente en pruebas semanales, cifra que es imposible de cubrir para muchos, que aun contando con las dosis serán privados de participar. Esta cuestión revela, nuevamente, que para el gobierno francés la seguridad colectiva sobrepasa las libertades individuales, recordemos el plan Vigipirate contra el terrorismo, el cual excluyó y denigró a las minorías étnicas. Ahora, esta nueva ley ha vuelto a excluir y a dañar a las minorías demostrando que poco aprendió el gobierno de los errores del pasado. 

Juez, Beatriz. 2021.”Macron Tilda de “irresponsables y egoístas” a quienes protestan por el certificado sanitario y la vacunación”. El Heraldo, 27 de julio Sección Unión Europea disponible en: https://www.heraldo.es/noticias/internacional/2021/07/25/macron-tilda-de-irresponsables-y-egoistas-a-quienes-protestan-por-la-vacuna-y-el-certificado-sanitario-1508762.html?autoref=true

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