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Los olvidados

By Entre Comillas
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por Xavier Fregoso Noble

México atraviesa una grave crisis a costa de la pandemia que se añade a la situación de desigualdad, inseguridad, violencia y discriminación. Ésta atenta y amenaza la vida e integridad de todos los mexicanos y mexicanas. Aunque puede ser inexistente para el presidente de la República, pues considera que vamos “requetebien”, demuestra un síntoma de un problema serio: la falta de reconocimiento por parte del Estado ante una situación que demanda una solución urgente.

Ejemplos de esta crisis –y otras más – son casos conocidos: los damnificados por el 19S, el “Culiacanazo”, las personas que no reciben medicamentos oncológicos y una larga lista de entre otros. Todos estos escenarios con telón pintado de sangre y bambalinas del Estado tienen 2 fases. La primera es aquella que coloca a la o las personas en situación de riesgo y puede o no ser intencionada. Un ejemplo de una situación accidental es la pandemia por COVID-19; a fin de cuentas ¿quién pudiese provocar una pandemia global que ponga en riesgo la vida de los todas y todos? Nadie. Sin embargo, el problema de la situación no es el virus en sí, sino el manejo de la situación. También hay otras situaciones riesgosas en la cotidianidad mexicana pero hay una que es peligrosa y, sobretodo, silenciosa: la omisión de acción y el posterior olvido.

En las situaciones de vulnerabilidad se enfrentan retos que pueden ser resueltos con la ayuda de otros. Soluciones que sean constantes, efectivas, planificadas, y sostenidas. Desafortunadamente en la gestión de la pandemia las soluciones no son las idóneas: organismos internacionales (entre ellos la OMS) ya le han “jalado las orejas” a México. No me refiero únicamente a la situación en la Ciudad de México o metrópolis como Puebla o Cuernavaca, sino también a comunidades pequeñas en municipios marginados en  donde los casos no han sido controlados. Estos últimos carecen de ayuda tan necesaria que ni siquiera son acreedores a un lugar en las planas de los periódicos, o los espacios televisivos, o de radiodifusión.

Con persistencia somos testigos del silencio estatal, mediático y hasta civil de situaciones gravísimas y demasiado peligrosas que amenazan la vida y la seguridad sanitaria de todos los mexicanos y mexicanas, aunque por obvias razones no nos demos cuenta. Este diagnóstico describe la existencia de la peor arma que mata diariamente a miles de personas, tanto en México como en el mundo, no solamente en las situaciones antes mencionadas sino en un sinfín de otras más que no alcanzarían las palabras para nombrarlas a todas.

Son, entonces, las comunidades más marginadas las que además de no tener acceso a servicios de salud, educación de calidad, comunicación, acceso a internet, entre otros, las que quedan a la deriva de la protección del Estado en todos los sentidos. La gran problemática puede ser explicada metafóricamente: el pleno conocimiento de una herida fresca que necesita atención y en consecuencia ser cuidada; es desatendida, descuidada, no curada y, en algunos casos, dañada nuevamente, todo esto mientras sigue abierta y vulnerable. 

Concluyo con un cuestionamiento: ¿estamos condenados por naturaleza humana a olvidar a quienes son vulnerables y en consecuencia dejarlos morir o asesinarlos a inconsciencia?

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