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por Rodrigo de la Peña

En el clásico literario de Alejandro Dumas, los tres mosqueteros, vemos como tres personajes, Porthos, Athos y Aramis, conocen a D’Artagnan. En un inicio, los tres mosqueteros y D’Artagnan no congenian, pero por motivos mayores, los cuatro se unirán con el fin de derrotar a Lady Winter, y de paso, conseguir que D’Artagnan se vuelva un mosquetero al servicio del rey. En México, la política tuvo una historia similar. 

Hace algunos días, el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) confirmaron su alianza para respaldar a candidatos comunes en la próxima elección federal, la cual tendrá lugar en 2021. Esta alianza es algo de lo que ya se venía hablando. No obstante, sorprendió la ausencia de un cuarto integrante, Movimiento Ciudadano (MC).  La coalición de estos partidos asombra por la historia de rivalidad que hay detrás. Sin embargo, pensar de una unión contra un enemigo común no es algo de la ficción política. A nivel histórico existen varias alianzas de partidos, tanto gobernantes como opositores, que buscaban unirse en contra de un enemigo común. La alianza entre tres partidos que defienden ideologías sumamente distintas plantea muchos retos en el corto plazo. Incluso, puede ser producto de fuertes críticas no sólo de sus contrincantes, sino también al interior de los mismos, ya que aliarse con partidos de ideologías distintas implica aceptar que hay temas en los que las visiones simplemente no son conciliables. Aunado a esto, vemos que por parte de su adversario, MORENA, la crítica que realizó en las elecciones de 2018 acerca de la llamada “mafia del poder” y la mancuerna del PRIAN no sólo sigue presente, sino, que ahora se concentrará en un candidato por parte de los tres partidos.

Aun cuando vemos que la crítica a esta alianza es fuerte, cabe preguntarnos lo siguiente: ¿dentro del panorama político actual, los partidos aliados tenían otra alternativa? Ante esta pregunta, la respuesta sería no. Durante los primeros dos años de gobierno, la oposición ha tenido poca personalidad en el plano político, siendo que sólo resaltó la oposición de gobernadores liderada por Enrique Alfaro, y algunas manifestaciones en el Senado de la República. La oposición ha tenido una actuación limitada; no ha dado un plan sólido, y a pesar de lo visto en las elecciones de  Hidalgo y  Coahuila, no podemos pensar que el PRI u otro partido de oposición tenga la fuerza de manera individual, para arrebatar el Congreso a MORENA. Finalmente, cabe resaltar la ausencia del Movimiento Ciudadano. El partido ha peleado a través de su gobernador, Enrique Alfaro, contra el régimen actual. Además, podemos resaltar que este partido ya había trabajado en alianza al PAN y al PRD en comicios anteriores. Por lo tanto, espanta la soberbia del grupo político al pensar que suponen tener la fuerza suficiente para competir. Además pone en alerta la intención de la alianza, pues al poner un solo candidato a competir contra el contrincante de MORENA se reúnen en aquel candidato los votos contrarios a MORENA y no a la alianza en sí. No obstante, la aparición de un tercer candidato puede resultar contraproducente al objetivo planteado, ya que le arrebataría el Congreso y el poder legislativo de las manos del ejecutivo. 

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