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Un partido poco ordenado

By Entre Comillas
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por Rodrigo de la Peña

Quien haya visto las luchas sabe que ese espectáculo es un show violento. Por un lado, cuentas con un aspecto cómico, gente vestida de forma extraña que pelea con todo aquel que se disponga a ofender; por otro, cuentas con una serie de golpes, llaves y volteretas que además de ser un espectáculo demuestran dominación y agresividad. De este tipo de espectáculos hubo grandes estrellas como el Santo, el Cavernario y el Kemonito. Así como estos luchadores ofrecen un espectáculo golpeando, codeando, gritando e insultando, los militantes del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) parecen haber decidido tomar un formato parecido para escoger a su secretario general y a su presidente. 

En el ring de Morena contendieron varios: por un lado, se escuchaba una pelea entre Gibrán Ramírez y Hernán Gómez, militantes de MORENA que se atribuyeron la carga de defender la ideología original del partido. Gibrán, por un lado, defendió su discurso nacional y argumentó ser “la sangre fresca de la política”; además, argumentó ser el que mejor mostraba las ideas del pueblo mexicano, esto después de recibir “ataques racistas por parte de los tecnócratas neoliberales neo porfiristas”. En cambio, Hernán Gómez criticó a Gibrán; lo acusó de ser más de lo mismo, un politólogo con ganas de robar. Por si fuera poco, sacó a la luz un par de cuentas, lujos y excentricidades que el mismo aspirante a la dirigencia no quería mostrar. Por si esto fuera poco, ambos candidatos se vieron afectados por el método de elección que se decidió: un sondeo llevado a cabo por el INE. En dicho sondeo, los aspirantes más jóvenes, Gibrán Ramírez y Hernán Gómez, resultaron incapaces de vencer a los políticos de mayor edad. Lo irónico de este sondeo es que los dejó fuera de la contienda, aun cuando este método fue promovido por ellos mismos. Ante el resultado final, Ramírez informó a través de sus redes sociales que la clase política de México había vuelto a hacer una de las suyas; se había llevado la dirigencia de MORENA. 

Tras esta imposibilidad, Gibrán, con el poco aire que le quedó, intentó golpear al contendiente más viejo de todos, a Porfirio Muñoz Ledo. Aunque Gibrán no fue capaz de vencer a Muñoz Ledo, el propio Muñoz Ledo no estaba libre de peligro: contra él se enfrentaba Mario Delgado, y de forma lateral Marcelo Ebrard. Muñoz calculó, de forma errónea, un ataque contra el Secretario de Relaciones Exteriores. El contendiente a la presidencia de Morena cuestionó la fortuna del secretario e incluso puso en la mesa la expulsión del Canciller de las filas, de llegar a ser presidente del partido. La maniobra le costó el apoyo de algunos miembros. 

La pelea que pintaba en un desenlace relativamente convencional entre Mario Delgado y Porfirio, terminó siendo todo menos normal. Por un lado, los llamados Batman (Muñoz- Ledo) y Robin (Delgado) de la democracia no lograron conciliarse antes del sondeo, esto resultó en una autoproclamación como presidente del Batman de la democracia. Ante estos actos poco democráticos, Robin no aguantó las ganas de inundar Twitter cuestionando la legitimidad del autoproclamado presidente de MORENA, Porfirio Muñoz Ledo. Al final, la decisión no procedió, aunque no se esclareció si Porfirio seguiría con su proceso de auto proclamación. 

Ahora bien, aunque esta lucha libre entre políticos del mismo partido es cómica y está al borde de lo absurdo, muchos cuestionarán la relación de estos sucesos con el futuro del país, ya que tiende a considerarse como un proceso interno y poco importante para las decisiones del gobierno. Ante esta reacción, yo veo un análisis distinto. El estudio de la historia ha demostrado que muchas veces, cuando un país centra su política en una figura pública, en un ser humano, su partido tiende a cuadrarse bajo su mando. Hoy en día, lo que nosotros vemos es una pelea por controlar el partido del presidente. Pero, ¿qué quiere decir esto? La auto proclamación de Muñoz Ledo, el control de los políticos que surgieron durante el dominio del Partido Revolucionario Institucional, es una demostración más de lo que ya se cuestiona y de lo que periódicos extranjeros temen y advierten. Morena y sus altos mandos no tienen la intención de instaurar una democracia, o de reformar al país. Morena quiere controlar, como en su momento lo hizo el PRI. 

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