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Democracia estadounidense, ¿mito o realidad?

By Entre Comillas
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por Ana Paula Ríos Camarena

Los eventos acontecidos en el Capitolio el pasado 6 de enero del presente año han dejado mucho qué pensar sobre la realidad política de la democracia más longeva del mundo. En 1787, la Constitución de los Estados Unidos de América entró en vigor, y con ella la noción de igualdad. Se trata de uno de los pilares de esta nación, el cual se desarrolló junto con el universalismo; ambos caracterizan al sistema democrático norteamericano. Inclusive, en su toma de poder en 1997, Bill Clinton hizo referencia a la Declaración de la Independencia diciendo que “la promesa de los Estados Unidos nació en el siglo XVIII de la audaz convicción de que todos somos creados iguales”. No obstante, parece ser que esta igualdad se ha ido erosionando con los años. Durante la última década del siglo pasado, la segregación social y la pobreza urbana han abierto todo tipo de debates. La calidad y el nivel de vida se han vuelto inalcanzables para amplios sectores de la población, especialmente para las comunidades afroamericanas, los latinoamericanos y los migrantes (europeos no anglosajones). Estas desigualdades tan marcadas han tenido un gran impacto en la democracia y en la confianza que se le tiene al sistema americano. El “ejemplo democrático” ha perdido fuerza y parece estar en peligro de desmoronarse en un momento crítico en la historia. 

El rechazo de regímenes democráticos y la reaparición del populismo en ciertas regiones, nos pone a pensar si verdaderamente la democracia seguirá siendo la forma de gobierno ideal para un mundo tan globalizado como en el que vivimos actualmente. Sin embargo, ¿a qué se debe todo esto? Hoy en día, la figura de los partidos políticos, como ocurre en México, se ha vuelto obsoleta; estas instituciones fracasan constantemente al intentar representar a su población. Como resultado, los votantes han perdido la confianza en sus supuestos portavoces, rechazando entonces este tipo de democracias. Los pensamientos radicales y extremistas se han vuelto de pronto más presentes en nuestras sociedades contemporáneas. En la nación americana, existen simplemente dos categorías: demócratas y republicanos, limitando exponencialmente la capacidad de pertenencia. Nunca habrá un partido político que cumpla con todos y cada uno de los requisitos de cada votante. Empero, un número tan limitado de instituciones representativas comprende un impacto en la manera en la que los ciudadanos se sienten identificados.  

No obstante, esta crisis de representación es solo una de las muchas razones por las que podemos concluir que las instituciones han perdido fuerza en los últimos años. Freedom House, una organización no gubernamental que estudia el alcance de la democracia en el mundo, registró por decimotercer año consecutivo un declive de la libertad a nivel global. El ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 produjo una de las mayores amenazas a las libertades civiles en Estados Unidos. El atentado permitió la exigencia de mejores controles de seguridad, los cuales pueden ser considerados como abusos por parte del gobierno, como es el caso de las escuchas telefónicas, la vigilancia y las detenciones extrajudiciales. Como consecuencia, el gobierno es más poderoso e “imperial”. A modo que, como explica el economista canadiense Michel Chossudovsky en su libro Guerra y Globalización (2002): 

La guerra y el crecimiento del estado autoritario ocurren en los albores de una depresión económica mundial, caracterizada por el derrumbe de las instituciones estatales, un desempleo en aumento, el colapso de los niveles de vida en las regiones más importantes del mundo […]. (p. 18)

Ahora bien, aunado a estos factores, se le suman los diferentes movimientos sociales que han marcado a Estados Unidos. Desde el punto de vista del economista, “Washington ha apoyado su desarrollo como una forma de desmembrar los movimientos sociales que teme representen una verdadera amenaza a su hegemonía económica y política” (Chossudovsky, 2002, p.37). El ejemplo perfecto se remonta a finales de mayo de 2020, en donde el asesinato del afroamericano George Floyd en manos de la policía desató más de 450 protestas en todo el país (a pesar de que el movimiento de Black Lives Matter comenzó en 2013). El uso excesivo de fuerza y la brutalidad policial contra la población afroamericana no es novedad. Sin embargo, con el uso de redes sociales, este gran fallo del sistema ha sido evidenciado de manera más viral. Al manifestarse contra este tipo de abusos de poder, la población ha sufrido todo tipo de represalias, en su mayoría violentas. El mismo presidente ha estado de acuerdo con el uso de fuerzas para reprimir y castigar la lucha por la igualdad, misma que es protegida dentro de la constitución americana. ¿Desde cuándo pelear por los derechos de las minorías se ha vuelto un crimen? Considero que la respuesta de las autoridades a estos problemas deja demasiado que desear, imputando no a los culpables, sino a las víctimas. Se trata, indudablemente, de un sistema que falla cada vez más a sus propios ciudadanos, los cuales tienen el verdadero poder de decisión. ¿Cómo podemos creer en la democracia, si sus propios pilares han sido víctimas del odio y la segregación que carcomen a la sociedad estadounidense? 

    Ahora bien, podemos notar este racismo en la respuesta de las autoridades el pasado 6 de enero del presente año. No fue sino hasta días después del ataque que los responsables han sido castigados. ¿Cómo puede ser posible, insisto, que un grupo de personas haya atentado contra el símbolo más emblemático del pueblo americano y su gobierno, no haya sido castigado? ¿Qué ha pasado con los valores esenciales de la democracia norteamericana? Las actitudes adoptadas contra los dos grupos no pueden ser comparadas. Se trata de un hecho indignante y vergonzoso. Un conjunto de extremistas radicales, portando banderas confederadas, sin cubrebocas en un momento tan crítico en la pandemia como lo son estas fechas, fueron tratados con desmedido privilegio a comparación con una minoría que busca hacer valer sus derechos y quienes muestran su desacuerdo de forma mayoritariamente pacífica. ¿Qué mensaje le está dando el gobierno actual a sus habitantes? 

Como explicó Pierre Rosanvallon, catedrático de Historia Moderna y Contemporánea de la Política en el Collège de France, “la democracia se inscribe con evidencia en una historia hecha de promesas incumplidas e ideales traicionados”. Sin embargo, aclara que esta situación podría solucionarse al “complejizar” la democracia. El profesor comenta que se debe evitar la simplificación del ejercicio de la soberanía, de la idea de voluntad general por la omnipotencia del hecho mayoritario y de otras figuras de expresión. La simplificación de la democracia, en pocas palabras, incita a la corrupción y a la limitación de la misma. Es por ello que los gobiernos deben promover la creación de mecanismos de participación y compromiso para que los ciudadanos puedan manifestar sus puntos de vista de una forma más abierta, teniendo el apoyo de sus gobiernos. No obstante, este hecho continúa siendo parte de la teoría política, y probablemente tome tiempo el ponerla en marcha. 

Retomando el caso de los Estados Unidos, puede uno pensar que, incluso si Donald Trump reforzó las tensiones entre los diferentes sectores de la población, no se le puede culpar del todo. No estoy defendiendo al actual presidente de los Estados Unidos; sin embargo, no podemos inferir que todas estas fallas institucionales tienen origen estos últimos cuatro años. Es por ello que la llegada de Joseph R. Biden al poder posiblemente significará un cambio para emancipar a este sistema del segregacionismo que ha infectado a los Estados Unidos estos últimos años. No obstante, sólo podemos esperar. El pasado martes 3 de noviembre de 2020, el pueblo habló. Ahora es misión del gobierno entrante salvar esta democracia liberal, la cual ha iluminado el camino de varias naciones a lo largo de la historia. 

Chossudovsky , M. (2002). Guerra y Globalización (1.ª ed., p. 37). Argentina : Siglo Veintiuno Editores. Argentina : Siglo Veintiuno Editores.

Freedom House. (2019). Democracy in Retreat. Recuperado el 9 de enero de 2021 de: https://freedomhouse.org/report/freedom-world/2019/democracy-retreat 

Patterson, O. (2011). Freedom and 9/11. [Harvard University]. Recuperado el 11 de enero de 2021 de:  https://scholar.harvard.edu/files/patterson/files/freedom__911.pdf

Romano, S. & Magliano, M. (2007). Orígenes de la democracia norteamericana, mitos y contradicciones. Recuperado el 10 de enero de 2021 de:  https://cdsa.aacademica.org/000-108/879.pdf

Rosanvallon, P. (2017). La democracia del siglo XXI. [Nueva Sociedad]. Recuperado el 13 de enero de 2021 de: https://nuso.org/articulo/la-democracia-del-siglo-xxi/  

Vilagrasa, J. (2000). Los debates sobre pobreza urbana y segregación social en Estados Unidos. [Universidad de Barcelona]. Recuperado el 10 de enero de 2021 de:  http://www.ub.edu/geocrit/sn-76.htm

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