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Educación en tiempo de COVID-19: ¿A quién le importa(mos)?

By Entre Comillas
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por Estefanía González

    La educación es uno de los derechos fundamentales, y según las Naciones Unidas, debe tener como objetivo el pleno desarrollo de la personalidad humana. Sin embargo, la realidad es bastante distinta.

De acuerdo con la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en 2018 había más de 750 millones de personas que no saben leer ni escribir en el mundo, de los cuales 102 millones son jóvenes entre los 15 y los 24 años, y 500 millones, mujeres. Estos datos, en un mundo dominado cada vez más por la digitalización y la globalización, son muy preocupantes. La alfabetización es ahora más vital que nunca para desenvolverse en la vida y en cualquier trabajo.

    Debido a esto, la educación es más un privilegio que un derecho, pero un privilegio que no basta solo con obtenerlo, sino que también hay que cuidar, desarrollar y proteger ante todo. Pese al aumento a nivel  global de la tasa de escolarización, todavía queda mucho que hacer, y la pandemia del COVID-19 no ha hecho más que complicar la situación. 

    En los países con menos oportunidades, los colegios e institutos no solo son centros de enseñanza, sino también la única alternativa a trabajar en el campo desde edades muy tempranas. Con la pandemia vino el consecuente cierre de los centros, y en sitios donde la educación online no es una opción, esto significa el paro total de la educación.

    Pero para los privilegiados y privilegiadas que vivimos en países donde la educación online ha sido la alternativa escogida en la mayoría de los casos, las repercusiones del COVID-19 han sido diferentes. 

    En primer lugar, cabe destacar que el impacto ha sido (y seguirá siendo) heterogéneo. En los estudiantes de entornos favorecidos, con medios para afrontar este modelo educativo (acceso a ordenadores, conexión a Internet, posibilidad de obtener clases particulares y espacio para atender esas clases, entre otros), el efecto es más limitado, mientras que en el caso de alumnos y alumnas provenientes de entornos desfavorecidos, el impacto es mucho mayor, ya que pueden no contar con los recursos tecnológicos y económicos necesarios para ir a la par que el resto de compañeros. 

    En segundo lugar, y tengo la sensación de que es este  tema el cual se está dejando de lado, se encuentra el hecho de cómo la situación laboral, económica y sanitaria afecta al rendimiento académico, la capacidad de estudio y la concentración. Porque, pese a la situación, las exigencias escolares siguen siendo las mismas, o incluso superiores. Muchos universitarios, en lo que lleva la pandemia, hemos recibido correos de nuestros profesores que dicen en las líneas de: “Sabemos que son tiempos difíciles y esperamos que os encontréis bien, pero a continuación os enviamos los 18 trabajos y los 30 ejercicios que tenéis que hacer para mañana.” Este último trimestre, más que de aprender, se ha tratado de fechas de entrega, de agobios por no entender materias que no te han explicado, y de horas perdidas esperando a correos de profesores contestando dudas. 

    ¿Es esto educación de calidad? No hace falta más que entrar en Twitter o hablar con tus compañeros de clase para comprobar el cansancio, la frustración que se respiran en el ambiente. Imagina ahora, añadir el la preocupación de no saber si tus padres van a poder pagar el siguiente cuatrimestre porque se han quedado sin trabajo, o tener tan solo un ordenador para que tele-trabajen los padres y tele-estudien los hijos, con suerte. Imagina ahora no tener ordenador, ni escuela, ni trabajo. 

    La comunidad internacional, los políticos y los medios de comunicación no hacen más que hablar sobre la pandemia y sus consecuencias, pero rara vez se mencionan ni se proponen medidas realmente útiles en el terreno de la enseñanza. Escribo esto en medio de una temporada de exámenes en la que, en España, la organización por parte de colegios, institutos y universidades deja mucho que desear, por lo que no puedo empezar a imaginar como de olvidados, cómo de abandonados, se sentirán todos esos niños y niñas en países más desfavorecidos, al ver como su posibilidad de aprender y desarrollarse como personas, ha cerrado.

(1) Comment

Te felicito por el tema abordado , efectivamente con la pandemia la educación es la última de la fila de importancia , cuando hoy más que nunca necesitamos educar . Felicidades me encanto el tema !

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