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El aborto, un arma de esclavizar

By Entre Comillas
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por Flavia Poy Barrio

Uno de los valores fundamentales de la Unión Europea es la igualdad entre hombres y mujeres. Dejando de lado el debate de que este tipo de problemas no deberían tener cabida en el año 2020 y que es algo sumamente revolucionario especialmente entre el colectivo más joven, el propósito de este artículo es reflejar otro escenario más de cómo un país retrocede en los derechos reproductivos de las mujeres y cómo esto va en contra de todas las estrategias de crecimiento para Europa y de nuestra evolución como responsables de nuestra sociedad. 

Polonia es un país dirigido por el partido nacionalista católico Ley y Justicia, PiS por sus siglas en polaco, que de la mano de la Iglesia Católica apoyaron hace apenas dos semanas la ilegalización del aborto incluso cuando haya deformaciones en el feto. El Tribunal Constitucional de Polonia adoptó esta medida por su jueza presidenta, Julia Przylebska. Además de la gravedad de que una mujer apruebe esta decisión, cabe resaltar que está acusada de erosionar la independencia de la justicia tras su nombramiento después de la reforma de su partido. 

Entre las alegaciones de los diputados estaba el argumento de que legalizaba la eugenesia, que consiste básicamente en la aplicación de leyes que perfeccionen la especie humana. Remontándonos en la historia, pareciera la política de los nazis cuando en 1933 promulgaron su idea de conseguir una raza aria perfecta. En la misma línea no es raro que la ministra de Trabajo se refiera a las mujeres como “capital del cuidado”.

Por otra parte, es interesante analizar que la historia del aborto en Polonia es larga, comenzando por el año 1993 cuando la Iglesia rechaza la libertad del aborto, ley que se instaurada desde la década de los 50 cuando el país pertenecía al régimen comunista ruso. La disputa actual ya lleva en proceso desde 2017, y de igual forma la ilegalización se ha planteado de forma rotunda en varias ocasiones, como pasó en 2006.  

Como consecuencia, cientos de miles de manifestantes llevan desde entonces en la calle y esto se toma como lo que es, un atentado a los derechos colectivos y a los derechos y libertades de la mujer. Parece que en lo que denominamos “país desarrollado” todavía no se cuestionan ni las mismas consecuencias para la salud de las madres. El Estado en ningún caso se está haciendo responsable de las deformidades incompatibles con la vida, ni mucho menos brinda asistencia legal en los casos más extremos como es la muerte fetal. Por cierto, en 2019 este tipo de aborto supuso el 97.6% del total declarado. Obviamente ya ni se imagina el cúmulo de intervenciones ilegales y riesgosas que hay detrás, y que siguen ahí, aunque nadie las vea. 

Ahora bien, como decía, gran parte de esta presión tiene origen en la religión mayoritaria, donde se intensifica un dilema mayor distinto pero relacionado, como es la separación de la Iglesia y el Estado. Independientemente a los sesgos de creencias o que en 2016 el partido de extrema derecha declarara a Jesucristo como rey de Polonia, y de muchos otros problemas que tiene la Iglesia polaca como los ligados con la pederastia, ¿Acaso una mujer católica no necesita derechos? Con esto no estoy diciendo lo que tienen que hacer los polacos ni en qué tienen que creer las polacas, pero sí estoy diciendo que los derechos humanos no se pueden basar en una creencia religiosa que sesgue las libertades fundamentales. Esto es, decidir qué hace cada una con su cuerpo es solo el primer paso para contribuir a una nación libre de supersticiones y que comience a destruir el modelo de familia patriarcal que está tan arraigado.

Como es evidente, aunque las propias mujeres polacas estén en contra de los argumentos sumamente misóginos o que validen el derecho a la vida en la fase prenatal como un valor constitucional, otros agentes como la Comisión Europea están también en contra de esta medida y a nadie le extraña la solidaridad feminista global que ha resurgido. 

En definitiva, no me extraña que las mujeres vean esto como una guerra. Es muy grave que hasta planteen salirse del Convenio de Estambul, acuerdo firmado en 2011 sobre la prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica. La mujer está en una situación de vulnerabilidad por el mero hecho de serlo, que además se agrava con el rechazo polaco de otros movimientos ligados al feminismo como puede ser el movimiento LGTB+. 

Como señala el título este tipo de reformas únicamente pretenden hundir más el valor, la dignidad y los principios de igualdad por el que las mujeres luchan con ímpetu, y las esclavizan constantemente. Por supuesto, no solo en Polonia, esto ocurre en todos los países del mundo, pero no por ello es menos grave. Nos esclavizan porque ningún sistema, ninguna persona, y mucho menos un gobierno debería adueñarse de un cuerpo y, lo que es peor, una situación extremadamente peligrosa de salud como lo que supone un estado de malformación fetal. El cuerpo de una mujer es suyo y eso no cambia por el hecho de estar embarazada. Ni por esta, ni por ninguna otra circunstancia. 

Ruiz, L (28 de octubre de 2020). Una semana de protestas en Polonia por el retroceso en los derechos reproductivos de las mujeres. Recuperado de diario El Público: https://www.publico.es/internacional/aborto-legal-semana-protestas-polonia-retroceso-derechos-reproductivos-mujeres.html

Sahuquillo, M. (10 de julio de 2018). El gobierno polaco pone en la diana al movimiento feminista, Polonia. Recuperado de El País: https://elpais.com/internacional/2018/07/09/actualidad/1531142513_966674.html

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