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El “Convenio de Estambul”, ahora sin Estambul

By Entre Comillas
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por Estefanía González

En Europa, así como en la mayoría del planeta, la violencia hacia la mujer es una de las violaciones más serias y comunes de los derechos humanos, ya sea violencia doméstica, conyugal o incluso derivada de una práctica tradicional. De acuerdo con el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU), más de cinco mil mujeres son asesinadas cada año por un miembro de su propia familia tras ser violadas o acusadas de adulterio. Entre quinientas mil y dos millones de personas, principalmente mujeres y niñas, son víctimas de trata para prostitución o trabajos forzados, y alrededor de dos millones y medio de niñas sufren de mutilación genital (MGF) cada año, una práctica muy común en África, Medio Oriente y el Sureste Asiático, aunque en los países occidentales también es una tradición muy extendida, donde es considerado un crimen muy grave y está penado con hasta doce años de cárcel. 

Precisamente para luchar contra este tipo de violencia, diversas declaraciones como la de Beijing, fueron adoptadas para tratar de eliminar la discriminación contra las mujeres. Una de las herramientas más importantes es la “Convención del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica”, también llamado “Convenio de Estambul” en honor a la ciudad donde se desarrolló el acuerdo en 2011, aunque no entró en vigor hasta 2014, con la ratificación de Andorra, el país número diez en formar parte del pacto.

Este tratado internacional, que antes de la salida de Turquía contaba contaba con 14 miembros, tiene como objetivo prevenir la violencia, proteger a las víctimas (mujeres, niñas y niños), y entablar acciones judiciales contra los agresores, además de crear conciencia y cambiar la mentalidad de las personas que creen que no es necesario luchar por la igualdad real. Esto es en parte debido a que la violencia contra la mujer está profundamente arraigada en la sociedad, se ha perpetuado y se sigue perpetuando a través de la cultura de la tolerancia, la negación e incluso la culpabilización de la víctima.

La importancia de este pacto reside en sus tres características más innovadoras, que lo distinguen del resto. La primera es que la violencia contra la mujer se reconoce como una violación de los derechos humanos, lo que significa que los Estados son considerados responsables si no responden adecuadamente. En Turquía, el 38% de las mujeres sufren algún tipo de violencia por parte de su pareja (en Europa la media es del 25%), y tan solo dos días después de la salida del tratado, el 22 de marzo, 6 mujeres fueron asesinadas por sus parejas en menos de 12 horas. 

    La segunda razón por la que este tratado tiene dimensiones históricas es que fue el primero que contener una definición de lo que es el género. Es decir, establece que las mujeres y los hombres no se diferencian por su sexo biológico, si no también por las concepciones y estereotipo que se les asignas culturalmente por la sociedad, como funciones y comportamientos particulares.

    Este convenio también criminaliza actos tales como la mutilación genital femenina, el matrimonio forzado, el acoso, el aborto forzado y la esterilización forzada. Significa que por primera vez, los estados miembros deberán considerar esos delitos como tal en sus sistemas jurídicos. La última característica es que hace un llamamiento a todas las instituciones y organismos para trabajar de forma conjunta contra estos actos, estableciendo protocolos de cooperación para la prevención, protección, persecución penal y creación de políticas que aseguren todas las anteriores.

    El gobierno conservador de Erdogan ha tomado la decisión de salir del convenio de forma unilateral, sin consultar con la ciudadanía, debido a que algunos ministros han considerado que este pacto fomenta las conductas LGTB y atenta contra la estructura de la familia. Pero las mujeres de Turquía no se han rendido. El pasado sábado, cientos de ellas salieron a las calles de Estambul demandando al gobierno que cambie su decisión, alegando que sus derechos no son negociables. “Los asesinatos de mujeres son política”, y “Proteged a las mujeres, no a los perpetradores de la violencia”, son algunas de las frases que se pueden ver en los carteles de las manifestaciones, cargados por mujeres y niñas,hombres y niños, que no se van a dar por vencidos.

“Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra la mujer y la violencia doméstica”. Obtenido de Consejo de Europa: https://rm.coe.int/1680464e73

About “Istanbul Convention: Action againt violence against women and domestic violence”.Obtenido de Council of Europe Portal:

https://www.coe.int/en/web/istanbul-convention/historical-background

Caliskan, M.E. (27 de marzo de 2021). “Turkish women protest over Erdogan’s decision to exit domestic violence treaty”. Obtenido de Reuters: https://www.reuters.com/article/uk-turkey-rights-idUKKBN2BJ0J9?taid=605f8b409d53350001996776&utm_campaign=trueAnthem:+Trending+Content&utm_medium=trueAnthem&utm_source=twitter

Redacción (20 de marzo de 2021). “Erdogan retira a Turquía de la Convención de Estambul sobre los Derechos de las Mujeres”. Obtenido de EuropaPress: https://www.europapress.es/internacional/noticia-erdogan-retira-turquia-convencion-estambul-derechos-mujeres-20210320083833.html

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