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El culmen de la banalidad

By Entre Comillas
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por Flavia Poy Barrio

Nayib Bukele se define así mismo como “el Dictador más cool del mundo mundial” o al menos es la biografía oficial que tiene en su red social Twitter, que ha elegido después de recibir críticas por su anterior descripción como “Dictador de El Salvador”. Nayib Bukele es la máxima autoridad de El Salvador, país de América Central, uno de los países del mundo con peores indicadores de nivel de vida. 

De por sí, podríamos comenzar considerando que este Estado acarrea una estructura resultado de 30 años de gobierno de partidos tradicionales (entre la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) – ala más conservadora, de derecha-, y El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) -ala contraria, antigua guerrilla, partido de izquierda) que dejaron numerosas necesidades apremiantes en la población. De hecho, esta es una de las claves que condujeron a Bukele al poder. En este sentido, El Salvador ha tenido muchos problemas para lograr consolidar la joven democracia. 

En congruencia con el último punto, y como bien indica el director ejecutivo de Acción Ciudadana, una ONG especializada en la contraloría social de la política salvadoreña, la cuestión era que el pueblo parecía estar dispuesto a apoyar cualquier sistema político, aunque no fuera democrático, con tal de satisfacer sus necesidades más urgentes. Ahora bien, ¿de qué sistema estamos hablando?

El 9 de febrero de 2020 arrasó en las elecciones legislativas, logrando que su partido, Nuevas Ideas, controle los dos tercios del parlamento necesarios para hacer y deshacer a su antojo las instituciones salvadoreñas. Ya en mayo, destituyó a los magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y al fiscal general; nombrando, de manera inmediata, nuevos titulares afines a su persona. Por lo general, esto es un patrón de los más típicos cuando hablamos de abuso de poder,  de autoritarismo y un Estado absolutista.

¿Y quién le responde ante este tipo de circunstancias? Ciertamente, nadie en la suficiente medida. El Departamento de Estado de Estados Unidos sancionó a esos cinco nuevos jueces al incluirlos en su lista de personas “corruptas y antidemocráticas”, pero, más allá de este señalamiento directo, al que Bukele, como era de esperar, acusó de injerencia, ¿acaso iba a ser la excepción de las decisiones polémicas? Claramente, tampoco. Más recientemente, el Parlamento designó a los siete miembros del Consejo Nacional de la Judicatura, cuya función es supervisar el poder judicial y nombrar a los jueces del país. El presidente lograría así deshacerse de dos centenares de jueces a los que simplemente considera “corruptos”.

Entre otras características muy ad hoc a su papel de populista, estarían otras muchas por mencionar como, por ejemplo, su pretensión de reelegirse. Su mandato, de cinco años, acaba en el 2024, pero parece decidido a aferrarse al poder, tras un fallo del Supremo sobre la reelección, que ha unido contra él a los irreconciliables Arena y FMLN, antes mencionados. 

Aunado a esto, este 7 de septiembre entró en vigor la llamada Ley Bitcoin. Esto es: ha sido el primer país del mundo en adoptar el bitcoin como moneda de curso legal. Más allá del componente propagandístico, la realidad es que El Salvador cuenta con un sistema financiero debilitado. Es más, esto ha sido un motivo detonante para las protestas en masa, con todo y que es uno de los presidentes más queridos del mundo, a lo que, por cierto, Bukele simplemente respondió diciendo que la población tomaba las calles para luchar por una dictadura que no existía. 

Reflexionando a profundidad: ¿Realmente esto va a tener éxito con una población en la que menos del 30% tiene una cuenta bancaria? ¿Va a tener cabida cuando es el segundo país de América Latina con menos conectividad a internet? ¿Realmente ha sido analizada la volatilidad de la criptomoneda y enormes amenazas como es el crimen cibernético? Quizá el excelentísimo Bukele podría haber tenido el mínimo asesoramiento para entender que los ataques de ransomware pueden terminar con sectores económicos enteros, o quizá podría haber reflexionado sobre el trabajo de décadas que ha implicado asegurar que los bancos e instituciones financieras alrededor del mundo tengan sistemas seguros. 

Y aun con todo, ¿logrará el bitcoin ser un paso eficaz para la desdolarización de la economía salvadoreña?, ¿tiene herramientas para responder ante eventuales situaciones resultado de su improvisación? ¿Es consciente de que el bitcoin es una tecnología descentralizada que nadie regula y las transacciones de los individuos son irrevocables? Y lo más interesante, ¿contaba Bukele con que este fin de semana China ha prohibido cualquier actividad relacionada con criptodivisas? 

Ahora bien, más allá del peligro en sí mismo de su perfil de líder populista y sus respectivas decisiones, está el peligro de que, desde la condición racional y responsabilidad ciudadana, no sepamos hacer resistencia a este tipo de sistemas y replantearnos la gravedad de estos líderes que influyen en el panorama y el orden de la comunidad internacional. 

Ridiculizar los sentimientos de su población y/o de su oposición, como es el ejemplo de su descripción de Twitter y de otras tantas medidas oficiales que anuncia por esta red social, es el culmen de la banalidad. Ya no solo por el ataque a la democracia, sino por sus otros muchos problemas a los que se enfrenta la nación salvadoreña como la crisis del Covid-19 o el histórico crimen organizado que tiene enorme capacidad operativa todavía en muchos territorios. 

Por un lado, todo esto supone la ruptura del Estado de derecho. Según las Naciones Unidas, se trata de «un principio de gobernanza en el que todas las personas, instituciones y entidades, públicas y privadas, incluido el propio Estado, están sometidas a leyes que se promulgan públicamente, se hacen cumplir por igual y se aplican con independencia… para garantizar el respeto de los principios de primacía de la ley, igualdad ante la ley, separación de poderes, participación en la adopción de decisiones, legalidad, no arbitrariedad, y transparencia procesal y legal». ¿De verdad somos conscientes de que sin Estado de Derecho prolifera la corrupción y esto supone un no cumplimiento de las leyes? ¿De verdad nos estamos replanteando qué es el Estado democrático de Derecho el que establece que el Estado debe proteger los derechos fundamentales de toda su ciudadanía? 

Las decisiones de la Asamblea Nacional, en su mayoría conformada por miembros del partido de gobierno, evidencian el rompimiento del sistema de pesos y contrapesos y una alta concentración de los poderes públicos por parte del órgano ejecutivo, lo que representa un peligro latente para los pilares del Estado de Derecho en el país centroamericano. Esto no se trata de una opinión personal, esto ya lo planteó Aristóteles en la Ética Nicomaquea y se plasmó de forma total por Montesquieu en el siglo XVIII. En conclusión, y aunque en absoluto no es algo novedoso en la era actual, se ha roto el principio de que un poder no puede elegir a otro, por la simple y sencilla razón de que uno de ellos es una simple marioneta del otro. 

Por la otra parte, e igual de relevante, la memoria histórica y el respeto a las víctimas de las dictaduras deberían hacerle reflexionar sobre la seriedad en la comunicación presidencial. Y esto debería replantearse en todas las naciones, independientemente de su historia o de su papel hegemónico en la esfera global. El ejemplo de Bukele solo alienta la inestabilidad democrática de la región, en otros Estados como Honduras, Guatemala o Nicaragua, que también tienen gobiernos que socavan el orden democrático. Quizá no es el mejor sistema, quizá hay que pensar en nuevas opciones de orden social y político, pero eso podrá tratarse en otra ocasión. Hasta el momento, solidaridad, compromiso, conciencia y acompañamiento es lo primero que hay que solicitar a nuestros respectivos gobiernos, que muestren su clara condena ante la vulneración de derechos por parte de instituciones del Estado, y que permitan activar de forma urgente mecanismos eficaces internacionales que velen, como mínimo, por sus derechos humanos fundamentales. 

Mur Barcelona, R. (23 de septiembre de 2021). Un dictador “cool”. Diario La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/internacional/20210923/7740365/dictador-cool.html

Cota, I. (12 de junio de 2021). El precio que Bukele está dispuesto a pagar por ‘bitcoinizar’ El Salvador. Diario El País. https://elpais.com/economia/2021-06-12/el-precio-que-bukele-esta-dispuesto-a-pagar-por-bitcoinizar-el-salvador.html

s/a. (21 de septiembre de 2021). Fears for democracy in El Salvador after president claims to be ‘coolest dictator’. The Guardian. https://www.theguardian.com/world/2021/sep/21/fears-for-democracy-in-el-salvador-after-president-claims-to-be-coolest-dictator

Datos Macro (s.f.) El Salvador: Economía y demografía. Diario La Expansión. https://datosmacro.expansion.com/paises/el-salvador

Valencia, R. (31 de agosto de 2021). Opinión: Bukele encadena su proyecto político al bitcoin

Diario The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/es/post-opinion/2021/08/31/bitcoin-el-salvador-moneda-ley-nayib-bukele/

ONU (s.f.) What is the rule of law. La ONU y el Estado de Derecho. Naciones Unidas. https://www.un.org/ruleoflaw/es/what-is-the-rule-of-law/

Banco Mundial (2021). Personas que usan internet (% de la población). Unión Internacional de Telecomunicaciones, Informe sobre el Desarrollo Mundial de las Telecomunicaciones/TIC y base de datos. Datos Banco Mundial. https://datos.bancomundial.org/indicator/IT.NET.USER.ZS

Brand, J. T. (1932). Montesquieu and the Separation of Powers. Or. L. Rev.12, 175. https://heinonline.org/HOL/LandingPage?handle=hein.journals/orglr12&div=29&id=&page=

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