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Diario Informativo

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Say yes to the press!

By Entre Comillas
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por Estefanía González

El derecho a la libertad de expresión, información y opinión es un elemento clave en una sociedad global para la promoción efectiva de una democracia sana, el crecimiento socioeconómico y el diálogo. Sin embargo, no todo el mundo disfruta de este derecho fundamental. Poniendo las cosas en perspectiva, la ONG Reporteros sin Fronteras (RSF) publica todos los años el Índice Mundial de Libertad de Prensa. En 2021, se encontraron grandes diferencias entre los países más desarrollados y los que se encuentran en zonas de conflicto.

    La posibilidad de expresarse demuestra el espíritu democrático de un sistema político, a la vez que representa la posibilidad de diplomacia en situaciones de conflicto. Desde hace unos años, el factor tecnológico también contribuye enormemente al desarrollo y puesta en escena de la libertad de expresión. Gracias a los múltiples avances en las últimas décadas, cualquier persona puede tener acceso a diversas fuentes de información, así como los usuarios de redes sociales pueden manifestar libremente sus opiniones en comentarios, vídeos, publicaciones… muchas veces sin realmente llegar a cuestionarse dónde está el límite a la expresión de opiniones, juicios y críticas. En este sentido, el derecho a la libertad de expresión y de prensa toma más que nunca un gran peso en tanto que factor imprescindible para la convivencia armónica, especialmente en zonas de conflictos. Aún a pesar de toda esta evolución, en  muchas ocasiones, este derecho tan básico es directa o indirectamente violado con la finalidad de enaltecer el poder de un régimen autoritario y oprimir a la sociedad.

    Cuando esta armonía se coarta, reduciéndose el ejercicio de este derecho, la democracia de cualquier sociedad empieza a resquebrajarse a consecuencia del aumento en el poder de un sistema político con tendencias totalitarias. Esto conlleva a su vez a toda una serie de conflictos en torno a una mayor reducción de los límites y el alcance de algo tan fundamental como el poder expresarse y publicar libremente. La censura es uno de los ejemplos más frecuentes que se encuentran, un ejercicio por el cual, en muchos países, artículos como el que está leyendo no podrían ser hechos públicos

Además, la pandemia ha proporcionado a muchos gobiernos una excusa adicional para restringir aún más la práctica periodística (según RSF, la misma está bloqueada total o parcialmente en el 73% de los 180 países analizados). En Irán y Egipto, por ejemplo, las condenas a periodistas han aumentado considerablemente en el último año para evitar que proporcionasen las cifras reales de las víctimas de COVID19. De forma parecida, en Venezuela, el gobierno de Maduro comenzó una campaña de estigmatización contra todos aquellos periodistas que cuestionan la versión oficial de las autoridades sobre medicinas sin eficacia probada. Países norasiáticos, con China y Corea del Norte a la cabeza, están sufriendo niveles sin precedentes de censura, vigilancia y propaganda pro-gobierno en Internet. Europa, considerada una de las regiones con mayor libertad de prensa, sufre también por las decisiones de algunos gobiernos, como es el caso de Hungría, cuyo presidente negó la renovación de la licencia de Klubrádió, la principal emisora de radio independiente del país, que a menudo critica al gobierno. 

    Ante esta situación, y pese a que es realmente complicado que un ente externo intervenga en la soberanía nacional de un país (ya que es el derecho de todos los países a gobernarse sin influencia extranjera), organizaciones como la ONU, y más concretamente la UNESCO (Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) tienen un gran desafío para encontrar soluciones con el fin de combatir estas violaciones sistemáticas, pero sin el poder coercitivo de obligar al Estado a nada. 

    La UNESCO es una institución del sistema de Naciones unidas que asesora sobre legislación y política, precisamente en el ámbito de la libertad de prensa, a los Estados Miembros. Este plan de la ONU tiene su origen en 1980, principalmente a través del Programa Internacional para el Desarrollo de la Comunicación (PIDC); se calcula que desde su creación ha apoyado más de 1700 proyectos de desarrollo de medios en 140 países. Entre las distintas propuestas que se plantean, pueden encontrarse mayoritariamente proyectos educativos y culturales a nivel escolar y universitario que tienen como objetivo concienciar y educar desde una temprana edad sobre la importancia del derecho a la libertad de expresión y sus límites, así como los beneficios individuales y colectivos que se derivan de una participación activa en la sociedad en un contexto tanto nacional como internacional.

En 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 3 de mayo como el día Mundial de la Libertad de Prensa para crear conciencia, especialmente en las zonas de conflicto, donde la población sufre más directamente las graves consecuencias de la falta de libertad de expresión y opinión. Pero pese a los esfuerzos de los gobiernos y organismos internacionales para garantizar estos derechos, son todavía muchos los obstáculos y desafíos existentes. 

La libertad de expresión, de opinión y de publicación de contenido son derechos básicos para el buen funcionamiento de las democracias y no hay excusa que valga para cuestionarlo o restringirlo, menos aún para juzgar y condenar a las personas que deseen hacer uso de ellos.

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