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por Estefanía González

Desde la semana pasada, las colas se repiten día tras día en la mayoría de los puntos de repostaje del país. Ante el temor a que se produzca una escasez de combustible, la demanda excesiva de gasolina está aumentando en la mayoría de estaciones de servicio. La tensión entre los ciudadanos, impulsada por el alarmismo generalizado, está provocando altercados de todo tipo en las gasolineras; una situación nunca antes vista.

Sin embargo, el secretario de Transporte del gobierno británico, Grant Sharpps, ha garantizado que hay “mucho” combustible disponible. En declaraciones a la BBC, el presidente de la Asociación de Minoristas de Gasolinera, Brian Madderson, critica que el Gobierno de Boris Johnson «se niega a reconocer» que los suministros están siendo bloqueados en las refinerías o los depósitos de almacenamiento y que no se están entregando en las estaciones de servicio. Asimismo, muchas de las compañías petroleras priorizan a las gasolineras emplazadas las autopistas sobre aquellas que se encuentran en las zonas urbanas, lo que no ayuda a calmar los nervios de los ciudadanos. 

¿Pero cómo han llegado a esta situación?

Contra todo pronóstico, detrás del desabastecimiento se encuentra la falta de conductores de camiones. Estos trabajadores (no esenciales a la vista del gobierno) proporcionan el transporte y distribución del combustible entre las refinerías y las propias gasolineras. La carencia de estos también tiene una estrecha relación con el Brexit. Después de que se ratificase este abril la salida de Reino Unido de Unión Europea, muchos conductores de camiones dejaron de operar con Gran Bretaña, ya que, o cruzar la frontera suponía multitud de problemas burocráticos para desarrollar su actividad, o se les denegó el permiso de residencia. 

¿Cuál ha sido la respuesta del gobierno?

Junto con trabajadores del transporte ya jubilados que han sido llamados a conducir algún camión, el Gobierno británico ha anunciado que está preparando a militares para la posibilidad de que salgan a las carreteras. El ministro de Negocios, Kwasi Kwarteng, en declaraciones a Sky News, ha asegurado que cuentan con fuentes de suministro suficientes y «si es necesario, los militares proporcionarán una capacidad adicional a la cadena de suministro» como medida provisional para rebajar la presión causada por los «picos de demanda». Ante este desconcierto, muchas gasolineras de forma individual han establecido un límite de compra de £30, unos 35 € o $47 aproximadamente, por cliente que acuda a repostar.

El gobierno de Downing Street también ha lanzado otro paquete de medidas para intentar paliar la situación. En esta línea, han aprobado 5.000 visados temporales para camioneros y ha agilizado el proceso de la obtención del permiso especial para conducir camiones con mercancías peligrosas dentro de Reino Unido. Además, ha obligado a las empresas petroleras a que compitan en igualdad de condiciones facilitando al ejecutivo toda la información que se requiera en relación con el suministro de combustible.

El Brexit y la pandemia han sumido al sector de los conductores de vehículos pesados en una tormenta que ha llevado a la escasez de personal, también debida al envejecimiento de las plantillas, de 55 años de media, y a jubilaciones anticipadas. La creciente demanda de camioneros no es exclusiva del Reino Unido, sino que afecta a toda Europa y genera una gran competencia entre países. Según datos del portal de empleo Indeed, las ofertas de trabajo de conductores de camiones han aumentado en el Reino Unido un 80 % desde antes de la pandemia, una tendencia que también siguen otros países europeos, como España (+98 %), Italia (+91 %), Alemania (+64 %) o Francia (+46 %).

Durante la pandemia, los conductores de camiones de la mayoría de mercancías fueron considerados trabajadores de primera necesidad. Pasada la crisis inicial, Reino Unido ha preferido llevar a cabo las medidas más restrictivas y proteccionistas de su economía, detalladas en el acuerdo de salida de la UE, por encima de la situación real y las necesidades de su población. Ahora, tanto los camioneros, como los ciudadanos británicos se encuentran en una situación comprometida: para los primeros que todavía operan en el país, la desesperación aumenta al ver que no pueden acceder al combustible necesario para realizar su trabajo; y para los segundos la incertidumbre de no saber si van a tener suficiente abastecimiento, pese a los intentos de calma del gobierno. 

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