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GOLPE A LA SUPREMA CORTE

By Entre Comillas
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por Alejandro Velasco D.

Hoy más que nunca, la democracia mexicana se encuentra en uno de sus puntos más débiles y vulnerables en las últimas décadas. En lo que suponen ser la elección más grande en la historia de nuestro país, lo único que se ha dejado ver es la bajeza de los peores candidatos en la contienda electoral mexicana. 

En artículos anteriores he hablado sobre el peligro que corre la democracia en manos del presidente López Obrador. Sesgos populistas, y hasta cierto punto dictatoriales han estado rigiendo la política mexicana durante los últimos dos años. Sin embargo, la reforma recién aprobada en la Cámara de Senadores debe ser tomada como una advertencia, pues si no ponemos un freno al partido mayoritario -Morena-, no veremos a un México democrático en los próximos años. 

Me refiero al cambio para ampliar por dos años el mandato del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Arturo Zaldívar. De una forma vil e infame, el jueves 15 de abril del presente año, en una sesión de más de 5 horas, el presidente de la Cámara de Senadores, Eduardo Ramírez, informó que el vicecoordinador del grupo parlamentario de la bancada del Partido Verde, Raúl Bolaños, proponía adicionar un artículo transitorio que contemplaba la ampliación de los plazos (Expansión, 2021). En menos de 15 minutos, la reforma fue aprobada con 80 votos. 

Vale la pena mencionar cuáles son las implicaciones de la reforma, además de hacer un intento de argumentación sobre por qué representa una clara violación a la Constitución, y con suerte, cristalizar el mensaje que el partido de Morena intenta dar a conocer con la aprobación de la misma. 

Como fue anteriormente mencionado, el transitorio busca ampliar el mandato del presidente de la SCJN dos años, es decir, la presidencia de Zaldívar, en lugar de concluir en el 2022, terminará en el 2024. Debemos comenzar puntualizando uno de los aspectos más importantes: el permanecer hasta el 2024 en la SCJN implicaría que el ministro Zaldívar acompañaría al presidente López Obrador hasta el final de su sexenio. Incluso, en la mañanera del viernes, el presidente reconoció como un logro la aprobación de la reforma. 

Para comenzar la argumentación, es necesario estudiar lo establecido en el artículo 97 de nuestra Constitución: 

 Art. 97: “…cada cuatro años, el Pleno elegirá de entre sus miembros al Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el cual no podrá ser reelecto para el período inmediato posterior.” 

Un artículo transitorio de un decreto no puede ampliar periodos. La reforma hecha es una clara violación a la Carta Magna, pues el artículo 97 expresamente dice que el presidente de la SCJN no podrá ser reelecto para el periodo inmediato posterior. Por si no fuera poco, la aprobación representa una vulneración a la división de los poderes, así como a la soberanía de los mismos. 

Ahora, es necesario recordar que la reforma aún no ha sido aprobada por la Cámara de Diputados. No obstante, Morena tiene mayoría en ambas cámaras, por lo que no resulta difícil suponer cuál será el resultado, y esperando que me equivoque, tenemos que prever cuáles serán las soluciones en caso de que sí sea aprobada por los mismos. 

En caso de que la reforma se apruebe por la Cámara de Diputados, el asunto podría ser mandado a la SCJN mediante una acción de inconstitucionalidad, de la cual solamente la SCJN puede conocer. En dicho caso, la decisión tendría que ser tomada por los 10 ministros, pues sería de esperarse que el ministro presidente Arturo Zaldívar se excusara de ser juez y parte del asunto.  

En el supuesto en que la SCJN no encuentre fundada la acción de inconstitucionalidad, lo único que quedaría sería esperar a que el ministro Zaldívar termine su periodo de cuatro años, y que él presente su renuncia, por respeto a la Constitución (Expansión, 2021).

Las razones de la reforma son muy claras. Puede que sea una recompensa por la amable disposición que el ministro Zaldívar ha demostrado en los últimos dos años, y que de alguna manera lo haría comprometerse hasta el final de su periodo. Se requiere de temperamento y carácter tener que renunciar a lo que se le ha propuesto, y será en ese momento en el que demuestre qué prefiere, si el poder o su honor. 

Me gustaría concluir con el mensaje que da el constitucionalista Francisco Burgoa, y el cuál vale la pena reflexionar: 

“La gravedad es que el día de mañana alguien pueda decir ‘el presidente de México actual está haciendo muy bien su trabajo y aún hace falta tiempo para que pueda consolidar la cuarta transformación, ¿por qué no le incorporamos un artículo transitorio a la Constitución para que el presidente continúe por dos años, tres o seis años?”

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