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Un México con hambre y sed de justicia

By Entre Comillas
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por Diego Alvarado

Un 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas, Tijuana, alrededor de las 5 de la tarde, el entonces candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta, luego de terminar un discurso de campaña y encaminado a su próximo evento público, cayó moribundo al suelo por un disparo en la cabeza que recibió por parte de Mario Aburto Martínez. 

Hoy, a casi 27 años del suceso, la figura de Colosio y algunas de las palabras pronunciadas en su famoso discurso escrito días antes de la tragedia, el 6 de marzo de 1994, aún pueden resonar y hacer sentido en nuestra sociedad. Se trata de una sociedad donde existen y conviven una amplia variedad de frentes de lucha social que exigen cambios y soluciones verdaderas, y que sus representantes, al igual que Luis Donaldo, llevan la lucha hasta sus últimas consecuencias.

Colosio no fue el político habitual de aquellos tiempos; no provenía de una estirpe que le asegurara un lugar en el gobierno por el hecho de llevar un apellido. Y aunque tampoco tuvo sus orígenes en los estratos sociales más bajos, hubo una cultura del trabajo y constante dedicación que lo llevó hasta la cúspide de su carrera: ser candidato a la presidencia de México. Sin embargo, a pesar de su brillante trayectoria profesional y sus ideas frescas y enfocadas en beneficio de los más desfavorecidos, el hombre es más conocido por lo que sus palabras despertaron en el México convulso de mediados de los años 90.

El discurso que Colosio manejó, proyectó una imagen de esperanza y sorpresa por parte de la población, quienes no estaban acostumbrados a escuchar a un candidato del partido oficial referirse así sobre la manera de gobernar. Y por supuesto que esto trajo consigo consecuencias, principalmente el descontento de una gran facción de su partido, quienes estaban acostumbrados a hacer las cosas de cierta manera y quienes veían con alarma las promesas de “reformar el poder” que el candidato vociferaba y que el pueblo aplaudía. 

Con este panorama, los constantes cambios que hubo en las investigaciones posteriores a su asesinato, las discrepancias entre testigos e investigadores oficiales, las imprecisiones sobre el número de implicados, entre muchos otros temas que hicieron aún más complejo el caso, llevó a la población a pensar lo peor. Se trataba, entonces, de una conspiración en contra de un hombre claramente incómodo para el sistema, y aunque nadie lo pudo confirmar, tampoco se pudo descartar. 

Las palabras de su difunta esposa, Diana Laura Riojas, encuadran el impacto de este hecho: “Las balas del odio, del rencor y de la cobardía interrumpieron la vida de Luis Donaldo, dieron fin abrupto a su existencia, pero no a las ideas por las que luchó. La patria ganó con la entrega, dedicación y empeño de este gran mexicano.” Colosio fue un hombre de carne y hueso al final del día, pero que con esta tragedia se transformó en el símbolo de ese México impune, con hambre y sed de justicia al que se refirió en múltiples ocasiones. No obstante, hoy persiste, aún a pesar de haber pasado casi tres décadas de este funesto hecho. 

Coen, A. (s.f.). Para Daisy Ascher con la amistad de Coen. Recuperado de http://www.bibliotecas.tv/colosio/pinturas/pinturas005.htm

Castillo, C. (1999). Colosio: Para poder hablar después. Recuperado de https://www.nexos.com.mx/?p=9191

Díaz, C. (2014). El discurso con el que Colosio despertó al PRI. Recuperado de https://www.milenio.com/politica/el-discurso-con-el-que-colosio-desperto-al-pri

Excelsior. (2019). Este fue el discurso de Colosio el 6 de marzo de 1994. Recuperado de https://www.excelsior.com.mx/nacional/este-fue-el-discurso-de-colosio-el-6-de-marzo-de-1994/1303105

Tapia, O. (2014). Colosio, una pluma de El Financiero. Recuperado de https://www.elfinanciero.com.mx/politica/colosio-una-pluma-de-el-financiero
Riojas, D. (1994). Discurso de Diana Laura Riojas, 25 de marzo de 1994. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=CPklJBcYx5c

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