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La Organización y la Resistencia es Revolucionaria: Paros Estudiantiles

By Entre Comillas
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 por Jimena Navarro Flores

En mi artículo anterior, hace dos semanas, hablamos sobre la crisis que atraviesa la Universidad Nacional Autónoma de México desde hace ya algunos años; nos enfocamos en la precarización docente dentro de la universidad, pero también como una parte del problema de precarización laboral que se vive en todo el país. 

En consecuencia, diversas facultades y escuelas de la UNAM se encuentran en paro estudiantil, esto como una herramienta de protesta para exigir mejores condiciones de trabajo para los y las profesoras de la institución, la defensa de la educación, además de otras peticiones ya anteriormente escuchadas. Así que hoy hablaremos de la criticada acción colectiva de las y los universitarios.

Los paros estudiantiles son un tema sumamente controversial y que tienden a dividir a la comunidad estudiantil. Por un lado vemos el apoyo al paro de actividades y por el otro oímos el famoso “yo sí quiero tener clases”, o esas frases que nos dicen “la revolución se hace dentro de los salones de clase”. Una lucha que cataloga a la población estudiantil a favor de los paros como “huevones, desmadrosos, chairos, etc.” y a quienes no participan en ellos como “egoístas, poco solidarios, apáticos, etc.”

El artículo de hoy se desarrolla desde la concepción de la organización y la resistencia como factores necesarios para una revolución. Pero, ¿a qué nos referimos con organización y resistencia? 

El poder de los movimientos se pone de manifiesto cuando los ciudadanos corrientes unen sus fuerzas para enfrentarse a las élites, a las autoridades y a sus antagonistas sociales. Crear, coordinar y mantener esta interacción es la contribución específica de los movimientos sociales, que surgen cuando se dan las oportunidades políticas para la intervención de agentes sociales que normalmente carecen de ellas. […] La acción colectiva es el principal recurso, y con frecuencia el único, del que dispone la mayoría de la gente para enfrentarse a adversarios mejor equipados. Aunque las formas de la acción colectiva difieren tanto entre sí como las formas de represión y control social empleadas para combatirla, la acción colectiva contenciosa es el denominador común de todos los movimientos.  (Tarrow, 1997).

La organización de la acción colectiva es un desafío, el despertar de la solidaridad también es un reto, pero esto se facilita bastante cuando los objetivos comunes están muy claros. Según Tarrow, hay tres tipos básicos de acción colectiva: violencia, disruptivo y convencional. Cabe mencionar que una misma forma de protesta se interpreta diferente dependiendo el contexto. 

Por lo tanto, en mi opinión creo que un movimiento estudiantil puede ser de cualquiera de los tipos. Ejemplificándolo, podría decir que carteles de protesta pegados en los pasillos de clases o peticiones de mesas de diálogo, podría ser un acto convencional; Una intervención a las instalaciones de la escuela “podría” ser considerado como una acción colectiva violenta y por último, este paro estudiantil, en específico, es disruptivo (podría transformarse en otra categoría), ya que “la disrupción obstruye las actividades rutinarias de los oponentes, los observadores y las autoridades […] El poder de la acción colectiva disruptiva radica en su capacidad para desafiar a las autoridades, fomentar la solidaridad y crear incerteza: no es violencia pero amenaza violencia. […] La normalización de métodos disruptivos puede convertirlos en convencionales.” (Nogueira, s.f.)

Es decir:

En el caso del estudiantado cuando para, no golpea las ganancias de los capitalistas como pasa en las fábricas y otros centros de trabajo. Por el contrario, la potencialidad de un paro en las escuelas y universidades tiene que ver con poner en cuestión quién tiene el control de las mismas: ¿el estudiantado o las autoridades?, golpeando políticamente a estas últimas con la masividad del estudiantado y por otro lado ganándose de a poco la opinión pública. (Vega, 2020)

El reto de un paro virtual

La virtualización de la acción política nos ha brindado cierta libertad y autonomía; gracias a esto, los movimientos sociales han podido ganar mayor alcance en sus convocatorias, solidaridad por parte de la ciudadanía, etc. Esto nos ha dado otro espacio de lucha, incluso podría considerarse que se logra un mayor impacto hacia el exterior, porque las herramientas como foros virtuales, hashtags, mesas de diálogo y asambleas virtuales, aumentan la visibilidad, pero también ha dificultado y hecho mucho más compleja la situación (hablando muy en particular de la problemática de la UNAM). 

Lo anterior sucede debido a que, al no tomar nuestras aulas, muchos profesores y profesoras quieren continuar con sus clases, porque Meet y Zoom no cierran, a diferencia de una facultad. Es por esto que en lo personal, creo que la mayor dificultad del paro virtual ha sido no tener un espacio físico, institucional, para tomar acción. Esto no quiere decir que la acción virtual no sea válida o real, porque sí lo es, pero no ha sido igual de respetada al no ser convencional y porque facilita el intento de subordinación por parte de las autoridades al estudiantado para continuar como si no pasara nada.

En consecuencia, se ha requerido de una acción coordinada mucho más exigente en la red. También hay que recordar que la acción colectiva se conforma de acciones individuales. “Pertenecer a un movimiento social requiere y promueve inquietudes a nivel académico, formativo y reflexivo, lo cual da como resultado construcciones individuales y colectivas a nivel simbólico, político y metodológico.” (Monroy, Castillo, Corredor and Rivera, s.f.) Sin embargo, para muchas de nosotras y nosotros, ha sido difícil luchar desde esta trinchera solitaria de 4 paredes, considerando la importancia del sentido de pertenencia y del calor de la lucha que arde cuando se juntan nuestras pieles doradas.

Resistencia, pero, ¿a qué?

Resistencia a un sistema neoliberal y capitalista que nos quiere precarizados, resistencia a la falsa idea de que basta con ser un intelectual de la máxima casa de estudios del país, resistencia a la represión y persecución por parte de las autoridades universitarias, resistencia al miedo que habita en las aulas, resistencia al conformismo, resistencia a la individualización, resistencia a la presión de los medios, resistencia a los intereses políticos de la universidad. ¡Resistencia!

La educación latinoamericana tiene un común denominador que genera todo el proceso de Movilización Estudiantil, el cual parte de una crisis social y en este caso una crisis académica que se enmarca  precisamente en la entrada de todos los paradigmas neoliberales […] Es por ello que la construcción de redes permite volcar la reivindicación como un problema global continental, en donde hay un eje transversal, histórico y político en los diferentes procesos de movilización estudiantil. (Monroy, Castillo, Corredor and Rivera, s.f.)

La educación no solo se da en los salones de clases, también en las calles, o en este caso en medio de una lucha virtual; de la resistencia colectiva vienen otros aprendizajes que muchas veces nos llevan a desaprender lo que el sistema estableció en nosotros. Les invito a tomar nuestros espacios; la universidad es nuestra, la universidad somos las y los estudiantes, las y los profesores y es nuestro derecho desenvolvernos en un mejor entorno y en mejores condiciones. 

Por último les dejo esta cita, que a mi parecer ayuda a recalcar la importancia y naturaleza de la organización:

Las autoridades y ciertos historiadores imprudentes describen a menudo la agitación popular como desorden…. Pero cuanto más de cerca examinamos la confrontación, más orden descubrimos. Descubrimos un orden creado por el arraigo de la acción colectiva en las rutinas y la organización de la vida social cotidiana, y por su implicación en un proceso continuo de señalización, negociación y lucha con otras partes cuyos intereses se ven afectados por la acción colectiva. (Charles Tilly, The Contentious French, p. 4 en Tarrow, 1997).

¡Por mi raza hablará el espíritu!

Tarrow, S., 1997. El poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acción colectiva y la política.. 2nd ed. Madrid: Alianza Editorial.

Monroy, C., Castillo, D., Corredor, N. and Rivera, J., n.d. Aportes del movimiento estudiantil a los procesos de movilización social en Colombia – Cuadernos de Trabajo Social. [online] Cuadernos de Trabajo Social. Available at: <https://cuadernots.utem.cl/articulos/aportes-del-movimiento-estudiantil-los-procesos-de-movilizacion-social-en-colombia/

Vega, I., 2020. ¿Qué paro virtual necesitamos para defender la educación?. La Izquierda Diario, [online] Available at: <http://www.laizquierdadiario.mx/Que-paro-virtual-necesitamos-para-defender-la-educacion

Nogueira, J., n.d. Acción colectiva, disrupción, violencia y represión: la movilización contra la reconversión industrial (1983-1985).. [online] Blogs.ugr.es. Available at: <https://blogs.ugr.es/jovenesinvestigadores/wp-content/uploads/sites/46/2019/08/NOGUEIRA-CASTRO-Jessica.pdf

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