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Trabajo Doméstico #C189

By Entre Comillas
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por Jimena Navarro Flores

Desde el sábado 3 de julio del 2021 entró en vigor en México el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre las trabajadoras y trabajadores domésticos, en busca de la dignificación del trabajo del hogar. El mismo 3 de julio del año pasado, México formalizó la ratificación del Convenio, es decir, se comprometió a cumplir con las obligaciones de dicho documento, ampliando y/o adaptando las leyes existentes, y a informar periódicamente a la OIT sobre las medidas adoptadas.

Si bien este proceso lleva ya algunos años, la pandemia por COVID-19 demostró la urgencia de la adopción de estas medidas, ya que la urgencia sanitaria violentó en especial esta área de trabajo. 

¿En qué consiste el convenio?

El Convenio 189 ofrece protección específica a las trabajadoras y los trabajadores domésticos. Establece los derechos y principios básicos, y exige a los Estados tomar una serie de medidas con el fin de lograr que el trabajo decente sea una realidad para las 2.3 millones de personas que según la OIT se dedican al trabajo del hogar remunerado en México. 

Los temas tratados dentro del Convenio son derechos básicos, remuneración, horas de trabajo, seguridad y salud, seguridad social, trabajo infantil doméstico, normas respecto a trabajadoras/trabajadores y empleadores, agencias de empleo privadas, etc.

¿Qué es el trabajo doméstico?

El Convenio 189 define trabajo doméstico como “el trabajo realizado para o dentro de un hogar o varios hogares”. Este trabajo puede incluir tareas como limpiar la casa, cocinar, lavar y planchar la ropa, el cuidado de los niños, ancianos o enfermos de una familia, jardinería, vigilancia de la casa, desempeñarse como chofer de la familia, e incluso cuidando los animales domésticos. (Organización Internacional del Trabajo, s.f.)

Las personas que por lo general se dedican  a estos empleos se encuentran dentro situaciones especialmente vulnerables en el ámbito familiar, social y/o económico, como lo es la pobreza, exclusión social o discriminación, etc. que les obliga a aceptar condiciones de trabajo terribles.

Uno de los tantos efectos de la pandemia es que profundizó e hizo más visibles las desigualdades, aceleró el análisis de cambios necesarios en las estructuras y los propuso como temas urgentes dentro de las agendas políticas.  A pesar de que este convenio no es una consecuencia de la crisis sanitaria, sí expuso la necesidad de su impostergable implementación y creo que también las fallas de esta misma en países en donde ya estaba en vigor.

Para hablar del trabajo doméstico es necesario hablar del trabajo informal y añadirle a esto el enorme impacto de género que existe en este sector laboral.

Respecto al primer concepto, el trabajo informal representa estar al margen de la protección Estatal, pero hay muchas definiciones y perspectivas sobre lo que es la informalidad en el mercado laboral. 

En lo personal concuerdo con la visión estructuralista que toca un factor muy importante llamado interdependencia, que nos explica que el sector formal y el informal no son casos aislados, se sostienen mutuamente. Creando un ciclo de explotación y diferencia de clases, ambos elementos esenciales del capitalismo tradicional y que en este caso la mercantilización del cuidado, condicionada por la economía familiar crea el caldo de cultivo perfecto para la jerarquización social, ah y sin olvidar el pequeño detalle racial de este sector; al parecer no estamos tan alejados de la atmósfera colonial de hace 5 siglos…

Por otro lado, como ya lo dije anteriormente, existe otro importante factor de vulnerabilidad que es la feminización del trabajo, el 95% de las personas que se dedican a esto son mujeres. ¿Por qué estamos más propensas a estas condiciones laborales?

“Las mujeres han pasado a realizar principalmente actividades que pueden denominarse de extensión de los roles socialmente asignados. […] Esta situación se traduce en que un número considerable de mujeres, especialmente en los países del sur global, quedan por fuera del radio de protección normativa del derecho del trabajo.” (Alvarado Bedoya, 2017) 

Además, conforme a mi investigación y hablando exclusivamente del trabajo doméstico remunerado, creo que las mujeres “necesitamos” esta flexibilidad laboral que nos permita ser madres, amas de casa, esposas y todas esas exigencias con las que carga nuestro género, las labores de cuidado son nuestra “obligación” principal, sobre todo tomando en cuenta los índices tan altos de abandono del hogar que generan los padres. 

El derecho laboral se construyó desde las necesidades y las características del hombre trabajador y productor. (Alvarado Bedoya, 2017) Por y para ellos, y por eso mismo  nos vemos obligadas a conseguir trabajos dentro de la informalidad.

Es aquí donde vemos la estrecha relación de ambos factores: 

“La alta presencia de las mujeres en la informalidad y en las actividades con menos ingresos y con menor reconocimiento social causan una situación de discriminación que se profundiza si a los anteriores elementos se agregan las responsabilidades del cuidado.” (Alvarado Bedoya, 2017)

Lo que nos lleva a la revolución incompleta de las mujeres, denominada así por el autor Esping Andersen:

“Los cambios sociales y tecnológicos no han modificado los roles de las mujeres en la sociedad, sino que se han traducido en un mayor desequilibrio de cargas para las mujeres. En el ámbito concreto del cuidado, la atención de los otros continúa siendo una actividad naturalizada. […] En este sentido, se ha señalado que un derecho del trabajo que tenga una perspectiva de género más comprensiva con la realidad de las mujeres en el mundo, debería implicar su reconocimiento como trabajo y reconocer que dentro del entorno familiar las mujeres también pueden enfrentar relaciones de dominación producto de la cultura patriarcal, el abuso y la explotación.”

Como podemos ver es un tema sumamente amplio y complejo, difícil de abordar de manera completa, pero en conclusión el Convenio 189 da un reconocimiento internacional importante para que Estatalmente y socialmente se preste mucho mayor atención a este tema, siendo un gran paso para los derechos laborales. Sin embargo, existe todo un desafío para los derechos humanos, porque por un lado es importante la adaptación y análisis inclusivo del Convenio a las diferentes situaciones de las y los trabajadores del hogar, aunado a esto abordar también la situación del trabajo doméstico no remunerado y romper socialmente con esta división sexual del trabajo desde la esfera más cercana que es la familia y sobre todo concientizar a la sociedad sobre sus obligaciones como empleadores y empleadoras.

¡El trabajo decente comienza en casa!

Organización Internacional del Trabajo, s.f. Convenio 189 Trabajo decente para las trabajadoras y los trabajadores domésticos. [online] ilo.org. Available at: <https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/—sro-san_jose/documents/publication/wcms_203988.pdf> [Accessed 28 July 2021].

Alvarado Bedoya, C., 2017. El trabajo doméstico y del cuidado: informalidad y fronteras de laboralidad. Doctorado. Universitat Pompeu Fabra – Barcelona.

Organización Internacional del Trabajo, 2020. México y el Convenio 189 de la OIT. [online] OIT. Available at: <https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/—ilo-mexico/documents/publication/wcms_750341.pdf> [Accessed 29 July 2021].

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