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¿Transformación o gentrificación?: Tren Maya

By Entre Comillas
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por Jimena Navarro

El Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), responsable de la obra del Tren Maya, anunció que la ruta del transporte se verá modificada, por lo que el tren ya no pasará por el centro de la ciudad de Campeche, sino por la periferia del estado.

Dicho cambio de planes provocó la confrontación de opiniones entre las y los vecinos de la zona, debido a que ha sido un proyecto lleno de controversia, incertidumbre, luchas sociales y ambientales, peleas entre el gobierno actual y la oposición, y muchas batallas legales frente a la inminente amenaza de desplazamiento. 

Los amparos legales que argumentan violaciones a derechos ambientales y de vivienda, fueron precisamente la presión que provocó el cambio de traslado del tren. El 14 de noviembre, el periódico 24 Horas publicó una nota que expone las opiniones de dos vecinos respecto al cambio y en las que podemos ver la importante dicotomía sobre el Tren Maya:

Guadalupe Cáceres, de 64 años y quien demandó legalmente la obra, aplaude que la ruta fuera modificada y no tenga que desalojar su casa, levantada al borde de una vía férrea en desuso en Campeche. Sobre esa línea se construirá 40% del tren eléctrico que debe extenderse por mil 554 kilómetros en la Península de Yucatán. El desvío frustra a Rubén Angulo, de 49 años, quien aspiraba a ser reubicado en una vivienda nueva y beneficiarse del medio millón de empleos que promete la obra. “Sí va a haber (modernidad), pero no a costa de mi casa”, le dice Guadalupe a Rubén desde los rieles del viejo ferrocarril, cuya construcción implicó demoler la casa de sus abuelos hace ocho décadas. Sin embargo, este modesto cerrajero se lamenta: “Da tristeza que todos los proyectos se brinquen Campeche” (24 HORAS, 2021).

Esto nos sitúa en lo que debemos centrar nuestra atención,: la opinión de las personas que se verán afectadas positiva o negativamente por este proyecto, las personas que habitan estos espacios que no son únicamente quienes viven permanentemente ahí, pues el sector turístico es otro habitante activo, y por último las distintas idiosincrasias, formas de ser y de habitar en el espacio de las y los mexicanos.

Esto nos permite pensar al igual que (Hiernaux & González, 2014) “que los conflictos surgirán no de ese paso momentáneo del turista sobre el espacio central de la ciudad, sino como un conflicto de apropiación a mediano y largo plazo”.

Por eso mismo el turismo debe ser re-pensado desde una postura que vaya más allá del consumo y no para que esté en manos del turista la responsabilidad del ambiente social, económico, cultural al que se enfrenta, porque ¿cómo le pedimos eso a un/una turista, cuando el propio Estado no lo entiende?, y por lo tanto no fomenta una cierta visión, ni brinda las herramientas para evitar las consecuencias negativas dentro de estos espacios.

Lo que lleva a lo que debe ser la principal preocupación del proyecto y del Estado al llevarlo a cabo, la gentrificación:

La gentrificación se ha definido como un proceso en el que se invierte un importante capital (inmobiliario, comercial, de servicios, etc.) en áreas urbanas o rurales depreciadas, que conducen a la sustitución de población residente de menores ingresos y mayor edad, por nuevos pobladores de mayores ingresos y menos edad. Como todos los procesos urbanos, la gentrificación es algo complejo, con una dimensión económica, social, cultural, estética, etc.  (Instituto de Geografía UNAM, 2015).

Aunque es importante situar y observar la gentrificación en los espacios latinoamericanos que han estado históricamente a manos del imperialismo antiguo y moderno, ya que la gentrificación en América Latina se hace con el propósito de adecuar a los países para la producción del capital; el claro ejemplo son las llamadas economías emergentes y en vías de desarrollo, que se encuentran en este proceso en el que los gobiernos tratan de implementar políticas públicas del llamado primer mundo que no se ajustan definitivamente a nuestra realidad y necesidades.

Incluso hay un término denominado como “gentrificación a la mexicana” que se distingue en dos tipos, la primera la regla y la segunda la excepción: Por un lado, es una gentrificación planificada y desarrollada a partir de la colaboración entre grandes capitalistas y las autoridades públicas, gentrificación sistematizada que pasa por la renovación del espacio público y privado y la atracción de nuevos grupos sociales. Por otro lado, un proceso más espontáneo y paulatino de suma de iniciativas individuales de autores locales, liderado y promovido por una clase media cosmopolita con pautas de consumo globales, aunque minoritaria dentro de la sociedad mexicana.  (Quiroz & Cadena en Instituto de Geografía UNAM, 2015).

Como lo dijimos la gentrificación planificada es la regla y es la misma que se llevará a cabo con el megaproyecto del Tren Maya a manos de la cuarta transformación. Además, uno de los temas que más consterna dentro de la gentrificación y dicho proyecto, es el desplazamiento de la población, aunque es importante decir que en este caso según el Fonatur, el 95% del trazo del tren pasa por derechos de vía ya existentes, sean vías férreas, autopistas o líneas de transmisión eléctrica; sin embargo la minoría afectada no se debe dejar de lado y según la institución se han tomado cartas en el asunto en beneficio de todos y todas.

Aunque también me parece interesante que se ha tomado en cuenta dentro del proyecto que otra forma de desplazamiento es el sociocultural y se han identificado los impactos, reconociendo que el turismo aporta beneficios económicos y sociales, pero es importante que su manejo sea adecuado y dirigido a la protección y conservación de los bienes naturales y culturales, garantizando el bienestar de las comunidades. Esto es muy importante para evitar la apropiación, que las comunidades no pierdan su sentido de pertenencia y el tejido social no se vea dañado.

La teoría también plantea que “los procesos de gentrificación rural y periurbana puedan fomentar en ciertos contextos el anclaje de la población originaria mediante la creación de empleos y nuevas actividades económicas, ligados a la construcción de casas y a la demanda de bienes y servicios por parte de los gentrificadores. Esta hipótesis impugnaría la idea del desplazamiento residencial como un efecto inherente y un criterio definitorio de la gentrificación”. (Instituto de Geografía UNAM, 2015)

Así que, como podemos ver la gentrificación es un concepto contradictorio y muchas de las consecuencias de la gentrificación se ven a largo plazo, por lo que el artículo solamente analiza unas cuantas proyecciones de este concepto relacionado al Tren Maya.

Lo que se necesita es que estos procesos –a veces inevitables para el sistema capitalista– generen dinámicas benéficas y que no segreguen o extingan las estructuras sociales ya existentes. Por lo que, la defensa del espacio como ambiente social y cultural también puede ir de la mano del desarrollo económico y el Tren Maya sea una oportunidad de observar con atención las necesidades de estas comunidades y promover su crecimiento para sí mismas y no solamente en beneficio al megaproyecto.

¡Por un crecimiento en beneficio de las comunidades!

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